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5 razones para leer “Nunca más su nombre”

La nueva novela de Joel Flores te dejará de a seis, al menos por estas cinco razones…

1. Un buen título. Qué bonito se siente cuando estamos clavadísimos leyendo la parte más estremecedora de una novela y de pronto ¡pum!, ¡claro, por eso se llama así! El efecto que puede causar un buen título da una sensación de redondez que te deja más que satisfecho.

En el caso de Nunca más su nombre, además de ser poético, sonoro y muy evocador, el título sugiere una renuncia, una promesa, un juramento en contra del portador del nombre y queremos saber por qué. El nombre de quién puede tener tanta fuerza y ser tan doloroso para jurar “nunca más” y ¿por qué? Esa es la historia que se narra e 242 páginas de melancolía+rabia+encanto.

2. Un buen nudo. La novela de Joel tiene uno de esos inicios que te amarran al sofá y te convencen de que valdrá la pena llegar al final. Tiene una estructura que se conoce como “moño”, un recurso muy común en cuento: comenzar lo más cercano posible al clímax de la historia. Solo que en novela no es tan sencillo mantener la tensión durante toda la elipsis para, al final, atar los cabos y dejar satisfecho al lector. Sin embargo, Joel sabe hacerlo muy bien. Su narrador empieza en un momento crítico: “El día que me dijeron tu papá se está muriendo, estábamos mudándonos de casa y desempleados”. De hecho, el primer capítulo da una idea bastante completa de la situación del personaje y esto lo que provoca es que uno empiece rápidamente a volverse compa del narrador y a ponerse de su lado. De pronto dices: caray, pues si ya me dijo de qué se trata esto, entonces qué más me va a contar, porque faltan muchas páginas… Y pues ahí está la trampa, porque ni te imaginas toda la profundidad que aguarda detrás de la puerta que ese primer capítulo abre.

3. Prosa “semibold”, así la llamo yo, porque ni de chiste vas a encontrarte con el lenguaje ligerito, facilón de las novelas comerciales llenas de diálogo, paja y descripciones que no dejan nada a la imaginación: Carolina esa mañana llevaba un traje sastre con medias color ala de mosca y zapatos de charol con tacón del cinco cuando bajó de su Versa color vino y tomó el celular para marcarle a Lupita –Hola, Lupita, nos vemos para desayunar? –Sí, Carolina, quiero que conozcas a Francisco, es guapísimo, te va a encantar… Weba total.

Por otro lado, está la prosa pesada, densa, ultrapoética,  llena de adjetivos farfullosos, cargada de referencias intelectuales y con una sintaxis más enredada que un pleito de perros. Pero la prosa de Nunca más su nombre no es así. Se nota el rudo trabajo de lenguaje que hay detrás de la escritura, porque sí es una prosa elaborada, con palabras precisas y oraciones sólidas como las rocas de una barda, sin embargo se lee de corridito, le tomas el ritmo y te sigues, te sigues, como si te sacara a bailar. La novela se lee en dos o tres sentadas, porque hay partes muy rudas en las que uno tiene que tomarse un respiro, pero no pasa mucho para que la curiosidad vuelva a llamarte: ¿¡qué sigue, qué sigue!?

4. El argumento es este: Un aprendiz de escritor rebobina la memoria de su infancia para comprender la tormentosa relación que tuvo con su padre y decidir si va o no a despedirlo en su lecho de muerte. El tema del padre (la búsqueda del padre, la muerte simbólica de la figura paterna) es un tema muy común en la literatura, no obstante, lo que hace muy singular a Nunca más su nombre, es que en ese “retorno” al padre en que el personaje busca configurar su propia identidad, hay también una intensa labor del personaje por deslindarse de la figura del macho mexicano violento, ignorante y fracasado: la violencia en su núcleo de origen, la semilla del mal que aqueja al país y que creció (y sigue anidando) en el seno de muchas familias. En este sentido, la novela es todo un manifiesto contra la violencia que cuestiona la supremacía patriarcal y especula de qué manera puede el sujeto ejercer su masculinidad de forma pacífica, civilizada y respetuosa, en correspondencia con el personaje femenino, cuyo contrapeso en la novela adquiere una dimensión no solo equilibrada, sino apologética.

5. Semidesierto. Tal vez no lo sepan, pero el proyecto literario de Joel Flores es ambicioso, amplio, extenso como el paisaje del norte de México. El universo ficcional de sus libros entrelaza referencias y tiende una red muy sutil que, como lectores, resulta sabrosísimo desentrañar. Encontraremos en Nunca más su nombre personajes que se habían esbozado ya en Rojo semidesierto, y otros que habremos de encontrar en su libro de cuentos que será publicado muy pronto, pero además de estas discretas referencias, la línea narrativa de Nunca más tendrá todavía mucho que contarnos, así que ¡a leer!

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Sobre Ave Barrera

Ave Barrera
Escritora y traficante de mezcal. Nació en Guadalajara, pero hace ya varios años obtuvo la nacionalidad chilanga. Su primera novela se titula Puertas demasiado pequeñas (Alianza 2016) y la segunda anda buscando suerte. Sus cuentos están publicados en antologías y sitios web.

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