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Foto: Ave Barrera

Caminata por el páramo colombiano

El páramo tiene de bonito hasta el nombre. Aquí te decimos lo que te vas a encontrar en este espectacular rincón del mundo y todo lo que necesitas para recorrerlo. 

Gracias a Rulfo, la palabra páramo sugiere un paisaje llano habitado por fantasmas hechos de recuerdos, silencio y melancolía. Aunque los páramos en realidad son humedales de gran altura y difieren mucho de la Comala que visita Juan Preciado, su magia no es menos asombrosa.

Existen varios parques, santuarios y paseos que te permitirán acercarte a esta maravilla natural como el de Sumapaz, que se encuentra a unos cuantos kilómetros al sur de Bogotá, o el Santuario de Flora y Fauna de Iguaque, al que se puede llegar fácilmente saliendo de Villa de Leyva. Sin embargo elegimos contarte acerca del Páramo de Ocetá, uno de los más extensos y mejor conservados del mundo.

 

¿Qué vas a encontrarte?

En el páramo de Ocetá lo que te vas a encontrar es montaña, silencio, niebla, frailejones, paisajes increíbles y mucha paz. El recorrido es perfecto para quienes gustan de la introspección y la contemplación respetuosa de la naturaleza.

La caminata es bastante larga. Primero hay que llegar al bello poblado colonial de Monguí, en el municipio de Boyacá. Hay camionetas o jeeps que te llevan a los lindes del poblado, donde terminan las tierras de cultivo y comienza la parte montañosa. A partir de ahí, son unas cuatro o cinco horas de senderismo en acenso. El ecosistema del páramo se desarrolla entre los 3800 y los 4000 msnm.

Poco a poco el paisaje va cambiando, los campos de cultivo y pastoreo quedan atrás, el camino se vuelve más rocoso y comienzan a aparecer los primeros frailejones de forma aisalda. De pronto se extiende ante tu mirada un inmenso y silencioso humedal poblado por una multitud de frailejones como espíritus que aguardan pacientes el paso de la niebla.

Foto: Ave Barrera

 

Los frailejones son al páramo lo que las coníferas a un bosque. De la familia de las espeletia, se asemejan a un enorme loto que en lugar de pétalos tiene hojas de suculenta color verde pálido cubiertas de un finísimo vello dorado. Las hojas maduras se marchitan para dar paso a los brotes tiernos que se aglomeran en el centro como un sol pálido, de modo que con el paso del tiempo la corola se va levantando del suelo a razón de 1 cm por año, sobre un tallo grueso, de unos 10-15 centímetros de diámetro, hueco por dentro para permitir el paso del agua.

La maravilla de los frailejones, la razón por la que se le considera una planta sagrada, es por su generosidad: el tallo hueco no es para absorber agua del suelo, como ocurre con la mayoría de las plantas, sino para depositar en la densa alfombra de musgo y líquenes entretejidos, el agua que captan de la niebla como si se tratara de una esponja. Es así como entre las hondonadas de las montañas se forman múltiples lagunas de aguas oscuras como ónix.

Lo increíble es que aún cuando los páramos ocupan solo el 1.7% del territorio nacional, producen el 85% del agua potable que se consume en Colombia.

Foto: Ave Barrera

¿Qué necesitas?

Prepárate físicamente para el acenso desde varios meses antes. Ve al gym y dale duro a la escaladora, ponte a prueba en la montaña más cercana para ver qué tanta resistencia tiene tu organismo a la altitud. Si tienes problemas cardiacos o de presión, consulta a tu médico y sigue sus indicaciones. Se trata de disfrutar el paseo, no de que cuando estés allá arriba sientas que te quieres morir.

Recuerda que en regiones cercanas al ecuador el año se divide en lluvia y secas. En el páramo llueve un poco menos de diciembre a enero y de julio a agosto, aunque también puede haber llovizna ligera estos meses. Necesitarás ropa térmica ligera (la temperatura está entre los 0 y los 16º C), impermeable, una pashmina ligera para el cuello, mucho bloqueador solar, gafas oscuras, gorra, pañoleta, pantalón ligero, las mejores botas de montañismo que puedas conseguir, un bastón y toda la actitud. En tu mochila no puede faltar un termo con té de coca, chocolates, barras energéticas, semillas, un itacate para el almuerzo, fruta, 2 litros de agua, una barra de cera para labios, botiquín de primeros auxilios, los medicamentos que puedas necesitar, linterna por si se oscurece en el decenso, un suéter extra y un par extra de calcetines por si las dudas.

 

El plan perfecto para visitar Ocetá

El páramo es un paraje expuesto al frío, a las ventiscas y a la lluvia, por lo que acampar no es tan sencillo. Si no eres un explorador experto, acostumbrado a sufrir incomodidades, lo mejor es armar un plan de 12-14 horas que te permita descansar en el poblado más cercano. Además, toma en cuenta que en esta región están prohibidas prácticamente todas las actividades que puedan alterar el medio ambiente.

En realidad es poco lo que puedes hacer además de caminar sobre los senderos y admirar el paisaje, la vegetación, avistar aves y algunos mamíferos. Caminar fuera de los senderos daña el suelo y su perfecto entramado de líquenes, de la misma forma que no puedes ir a esconderte detrás de cualquier plantita para acudir al llamado de la naturaleza, puesto que existe el riesgo de contaminar el agua. Por donde se le vea, lo mejor es conocer el páramo de entrada por salida, y respetando las reglas, a fin de que nuestro paso impacte lo menos posible este delicado ecosistema.

Por otra parte, Monguí es un poblado encantador. Encontrarás pequeños y acogedores hoteles, podrás conversar con las personas del lugar y preguntarles cómo es vivir junto a las montañas.

http://aservisto.com.co/blog/21-pueblos-mas-lindos-colombia/

 

En cualquiera de los hoteles o restaurantes pueden ponerte en contacto con alguno de los guías locales que conocen los caminos. No está prohibido ir por cuenta propia, pero el lugar es enorme y por las condiciones de altitud lo mejor es ir con alguien que conozca  el territorio, el ritmo para hacer el recorrido, las estrategias para lidiar con el cansancio o los rincones que te quitarán el aliento por más de una razón.

Trata de salir lo más temprano que puedas. Contrata una camioneta o Jeep para la subida inicial, de este modo ahorras tiempo y energía. Los necesitarás más adelante.

Disfruta el recorrido, avanza con calma, a buen ritmo y sin exigirte demasiado, pues a 4000 msnm hasta el camino más fácil puede parecer imposible. Aquí aplica el dicho de: “más vale paso que dure, a trote que canse”.

Tómate también el tiempo que necesites para contemplar el paisaje, tomar fotografías, tomar aire, comer un bocado, tomar agua y seguir. No te precipites, el páramo no se va a ninguna parte.

Procura dejar contratada la cena en alguno de los deliciosos restaurantes del centro de Monguí. Suelen cerrar temprano, pero son muy accesibles. Si les dices que saldrás al recorrido y que regresas al oscurecer, con toda seguridad te tendrán preparada una cena exquisita que vas a necesitar para recuperarte del cansancio de la caminata. Los potajes bien calientes son su especialidad.

¿Y tú ya conoces el páramo? ¡Cuéntanos tu experiencia! Seguro te fascinó tanto como a nosotros.

Sobre Ave Barrera

Ave Barrera
Escritora y traficante de mezcal. Nació en Guadalajara, pero hace ya varios años obtuvo la nacionalidad chilanga. Su primera novela se titula Puertas demasiado pequeñas (Alianza 2016) y la segunda anda buscando suerte. Sus cuentos están publicados en antologías y sitios web.

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