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Catorce relatos sobre niños y niñas casi adolescentes y algunas veces adultos

La infancia y la adolescencia como temas literarios siempre me han gustado desde que inicié como lector. Incluso, si alguien me ofreciera la posibilidad de hacer una antología integrada por los cuentos que más me han alumbrado, sin dudarlo compilaría piezas narrativas que exploran la complicada transición de la niñez a la juventud, marcada por esa extraña dolencia que produce el ir creciendo sin entender del todo lo que sucede con nuestro cuerpo y nuestras emociones alborotadas por la hormona, así como el dejar una etapa para entrar a otra, obligados por las circunstancias o apegados, muchas veces sin saberlo, al terrible orden natural de las cosas.

Hay en la niñez y adolescencia una magia siempre dominada por la capacidad de asombro, esa cándida sensación cuando dimos nuestro primer beso a quien creímos amar con las costillas y los huesos, el apoyo incondicional ofrecido por el primer mejor amigo al que confiamos casi todos nuestros secretos y nombramos hermano de sangre y hasta de leche, así como la obediencia fiel a nuestros padres y también la desobediencia casi insurrecta contra ellos una vez que nos creemos, ciegamente, en edad para contradecirlos, y nunca falta -debería incluirlo-, las primeras transgresiones de lo prohibido: esos encerrones con el amor en las zonas públicas o prohibidas y las escapadas nocturnas para irnos de fiesta con los cuates o de enamorados con las pretendientes.

Tanto amamos la niñez y la adolescencia, que cuando las recordamos solemos verlas como los años dorados, y solemos también exagerar las anécdotas de entonces con el fino arte de la ficción cada que se la contamos a alguien para contagiarlo de la misma felicidad que nos hizo lo que ahora somos.

Yo amé tanto ser niño y adolescente que, si alguien me preguntara dónde se halla el paraíso, sin dudas contestaría que en aquellas épocas de sol y descubrimiento, donde la cajuela de un auto fue el mejor cuarto de hotel o el segundo piso, casi siempre oscuro, del Teatro Calderón, di los mejores besos de mi adolescencia.

Por eso y porque planeo escribir un libro para adolescentes y no tan adolescentes, desde el año pasado me animé a leer libros de relatos que abordan estos temas, pero también los de las madres solteras que solas y contra lo que sea se hacen cargo de sus retoños, luego de separarse de sus maridos, y sus hijos se ven obligados a convertirse desde muy pequeños en el hombre de la casa.

De diciembre a la fecha, luego de sumergirme en varios libros, empecé a escribir una pequeña lista conformada por cuentos como si estuviera creando una antología personal, portátil, de mí para mí, sin pensar en el juicio muchas veces de gusto distinto de terceros. Esa lista la he leído una y otra vez con una devoción y gusto de adolescente, casi como cuando se conoce a un nuevo amigo que tiene las mismas afinidades que uno o a un nuevo amor que te lleva a conocer qué hay más allá de la manita sudada.

Por eso y el mero gusto de compartir (pues muchas veces los maestros de secundaria o preparatoria no saben qué textos ofrecer a sus alumnos que apenas empiezan a leer), dejo aquí 14 títulos de cuentos que conforman una antología que algún día compilaré. Es una lista en crecimiento, que no respeta épocas ni trayectorias ni jerarquías. Su orden es aleatorio, pues acomodo en ella cada uno de los títulos conforme fueron llegando a mis manos.

El lector más conocedor podrá darse cuenta de que la gran mayoría de los cuentos fueron publicados en este milenio, algunos entre el 2010 al 2016. También podrá reconocer que no hay en ella ningún título de algún autor clásico, en el sentido de temporalidad. Decido poner estos nombres por el mero objetivo de recomendar libros contemporáneos, sobre todo algunos cuentos de autores jóvenes (de mi edad para ser más precisos) que merecen ser leídos casi como si fueran clásicos, en el sentido de calidad, como lo explicaría Italo Calvino, aunque sobre eso el lector siempre tendrá la última palabra, una vez que los lea.

1.- “La infancia interminable”, de Óscar de la Borbolla.

Pertenece a un libro espectacular publicado hace muchos años por Nueva Imagen, cuando aun Sandro Cohen era el editor. El libro se llama Dios sí juega a los dados y todos los cuentos pueden gustar, sin duda, a estudiantes de preparatoria.

2.- “13 y medio”, de Héctor Manjarrez.

Aunque bien sabemos que Ediciones Era es una editorial que apuesta publicando libros que podrían convertirse en canónicos y muchas veces esos libros no son bien recibidos por los lectores que apenas inician, esta obra de Héctor publicada en 2016 es una joya para la juventud. Sí, así como lo lee: Los niños están locos contiene cuentos cortos y otros de largo aliento que hacen reír y reflexionar sobre quiénes están más locos, los niños o los adultos, este cuento en particular es una perla que se lee en una sentada.

3.- “La vida real”, de Donald Ray Pollock.

Di con esta colección de cuentos y con este autor gracias a un poeta que conocí en Chiapas y, cuando leí el primer relato quedé nockeado, pues no es más que la vida real de un niño que busca ganarse la aceptación de su padre ganando una pelea sangrienta contra una niño de su edad. El relato, de lo mejor del realismo sucio actual gringo,  pertenece al libro Knockemstiff.

4.- “La costurera”, de Eduardo Antonio Parra.

Es un cuento de largo aliento narrado con una precisión impecable y una nostalgia ejemplar. El relato aborda la infancia y adolescencia de un chico que crece entre mujeres, pero una costurera, cuya identidad es ambigua, le enseña el arte de admirar a las mujeres y conquistarlas. El relato pertenece al libro Desterrados.

5.- “El gran Rafa”, de Arturo García Ángel.

Es un relato lleno de vida, de humor y de aventuras de una niña que madura mientras su padre los abandona y sólo los visita para hacerles saber que su hijo menor debe llamarse como él lo pidió. Pertenece al libro Animales domésticos.

6.- “Persiguiendo al dragón”, de Benjamín Alire.

Aunque para muchos pasó por desapercibido en el 2015, año en que se publicó Kentucky club, este libro deberían leerlo todos aquellos interesados en literatura juvenil. Sus 7 relatos largos son una maravilla para la chaviza, pues abordan el tema del doble idioma en la frontera, el racismo y, muy sutilmente, las muertas de Juárez sin caer en clichés editoriales. También explora la relación de la muchachada con las drogas y, en el caso de esta historia, cómo dos hermanos terminan desunidos a causa de la heroína.

7.-“Maverick”, de Ana García Bergua.

Ana es una cuentista mexicana de primer nivel. Sus cuentos, siempre cargados de humor y sencillez, lo demuestran, sobre todo en esa exquisita compilación de su cuentística que hizo Textofilia en La tormenta hindú y otros relatos. Si buscan relatos cortos y risas largas, lean a Ana, lean este libro.

8.- “Algo para cenar”, de Maguela Baudoin.

Si bien todos los cuentos de La composición de la sal no son perfectos, el que lleva el título del libro y éste son un ejemplo de perfecta manufactura narrativa. Éste en especial aborda un tema que me vuelve loco: el de dos niños que le roban el carro a alguien para enseñarse a manejar y, en la aventura, invitan a varios de sus amigos a dar la vuelta. El final ofrece una vuelta de tuerca inesperada, que toca muy sutilmente cómo invade en lo privado el narcomenudeo.

9.- “Mis documentos”, de Alejandro Zambra.

Es una historia que puede leerse como relato largo y novela corta sobre uno de los hijos de la dictadura de Pinochet en Chile, que creció bajo la lenta generosidad de las máquinas de escribir y vivió la mutación de las mismas, gracias a las nuevas tecnologías, en computadoras. El relato no deja de lado la exploración de las relaciones humanas, sobre todo se enfoca en la negación de su protagonista de madurar a la par que van evolucionando las computadoras, su hijo y su novia, que no es la madre de su hijo.

10.- “El ojo”, de Liliana Colanzi.

Liliana es una narradora boliviana que viene haciendo ruido con este libro, llamado Nuestro mundo muerto, el cual fue publicado en 2016 por Almadía y por la editorial El Cuervo, en Bolivia. Este cuento narra la historia de una chica disciplinada hasta los codos, que sigue todas las reglas de su madre, una extremista religiosa que mira el pecado en cualquier rincón del mundo. Pero una vez que la hija conoce al mismo diablo reencarnado en la juventud, todo lo que creía y le enseñaron comienza a derrumbarse en una sala de cine.

11.- “Elisa vuelve a casa”, de Mario Martz.

Mario se estrena como narrador con este libro de 12 cuentos que, si me apuran, seguro tendrá más que dar en una novela. Pues aunque no todos tienen una calidad equilibrada en el compendio y aún le falta malicia narrativa, el relato que lleva el título del libro (Los jóvenes no pueden volver a casa) y éste que menciono son destacables porque rescatan a los jóvenes atormentados por el país en el que nacieron, al no obtener oportunidades de crecimiento, más que la puerta amplia hacia el exilio.

12.- “Qué vergüenza”, de Paulina Flores.

Sin duda alguna es un cuentazo sobre niñas que cuidan a su papás y papás que no saben cómo cuidar a sus hijas. Y en esa aventura, las pequeñas asesoran a su padre en algunas calles chilenas sobre cómo ir a una entrevista de trabajo que, si me dejan ser un poco aguafinales, es más bien un casting pero no para él. El relato pertenece al libro Qué vergüenza. Y es un debut magnifico, donde la musicalidad de la prosa y la estructura narrativa de los cuentos revelan a una narradora que conoce su oficio.

13.- “Réquiem”, de Luis Jorge Boone.

Este relato pertenece al libro Figuras humanas, publicado en 2016 por Alfaguara, una editorial cuyo catálogo de escritores mexicanos es, si me dejan dar juicios de valor, bastante malito, pues muchas veces privilegian más a la llamarada de petate que a la literatura que alumbra. Sin embargo este libro de Boone, un escritor que ya tienen camino sólido en la narrativa y la poesía, es una fusión bien lograda de cuentos con poemas. “Réquiem” me gusta porque narra la amistad de dos amigos norteños que parecen líneas paralelas que corren muy juntas, pero jamás pueden interconectarse por sus conductas opuestas: uno es el rebelde y el otro el indisciplinado; uno suele no gustarle a las mujeres y a el otro, por el contrario, le sobra el pegue; y uno es el que arriesga más su vida en las pachangas y el otro el que las vive apegado a la responsabilidad; uno desaparece de repente y el otro le pierde la pista.

14.- “Fajecito en las pirámides”, de Édgar Adrián Mora.

Pertenece a un libro inédito que seguro aparecerá muy pronto publicado. Édgar es de esos escritores que poseen una pluma privilegiada. No obstante, ha estado fuera del mercado editorial debido a que no tiene objetivos literarios comerciales y lo suyo es hacer libros despacio, privilegiando más la calidad que la velocidad. “Fajecito…” cuenta la historia de unos estudiantes que van de excursión escolar a las pirámides y allí, en los rincones oscuritos donde se esconden los secretos de una cultura, muchacha y muchachote se entregan con pasión y convicción como si fuera acabarse el mundo y en sus secreciones estuviera la fuerza para erigir una nueva raza humana.

Y ya para cerrar, ¿tienes tú algún relato favorita que te haya movido el tapete como estos a mí? Si es así, puedes poner el título y el nombre del autor en uno de los comentarios. Así ampliamos la lista.

Sobre Joel Flores

Joel Flores
Escritor, corredor y fiel creyente de las historias escritas. Conoce Zacatecas como la palma de su mano y Tijuana como las plantas de sus pies. Es bebedor social de caguamas y cerveza artesanal. Escribe mientras corre y viceversa.

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4 Comentarios

  1. En este rubro podría recomendar el libro “El vino de la juventud”, de John Fante. Gracias por tus recomendaciones.

  2. Hola te recomiendo “Juego de niños” de Diego J. Sañudo, son minificciones entorno a la infancia desde una visión de humor negro, te paso la página de la editorial http://latintadelsilencio.com/portfolio/juego-de-ninos/

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