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¿Conoces el cementerio de aviones de la Ciudad de México?

“Inventar un avión no es nada. Construir uno ya es algo. Pero volar lo es todo”.
– Otto lilienthal.

El calor a plomo cae sobre los aviones estacionados en un terreno polvoriento al final del Aeropuerto y junto a la Alameda Oriente. Rodeado de valla ciclónica, el paso es imposible: muchos letreros indican que es terreno federal y que no se puede pasar. Nos acercamos lo más que se puede, siguiendo el camino de las vías del tren y rodeados de perros que nos ladran al paso. Llaman la atención dos aviones C-130 tipo Hércules, de Aeropostal, enormes, que alguna vez estuvieron ligados a un fraude en Estados Unidos. Caminamos un poco más y alcanzamos a ver un DC-8, que luce graffiteado a pesar de la prohibición de paso.

Preguntamos a uno de los guardias que está en uno de los puestos de vigilancia:

– ¡Oiga! ¿Podemos pasar?
– No, nadie puede
– ¿Podemos quedarnos aquí a tomar fotos?

No hay respuesta, solo levanta los hombros y regresa a la sombra de su puesto. Escucha cumbias. El calor se siente tan insoportable (amplificado, además, por tanto metal alrededor) que debe ser terrible cubrir una jornada laboral en este lugar. Los perros se echan a nuestro lado, junto a la hierba seca.

Hay muchas razones por las que un avión pueda parar aquí. Una de ellas es que la compañía esté en litigio legal. En los últimos 15 años desaparecieron veinte empresas de aviación, algunas de las cuales todavía tienen adeudos que cubrir. Una de ellas, Aerocalifornia cuya base estaba en La Paz, es la que tiene más aviones en este lugar.

La otra razón es que el metal que se utiliza en estos aviones está hecho de una aleación especial –mezcla de zinc, níquel, aluminio, acero y cromo– que impide que se utilice para otra cosa: sin poder reciclarse, fundirse o reutilizarse, el destino de estos aviones es desgastarse bajo la lluvia y la intemperie. A veces los aviones no tienen que sufrir esta muerte lenta: pueden restaurarse para colocarlos como exhibición en algún parque de diversiones (como en el Tangamanga, de San Luis Potosí), o se utilizan para práctica, como los aviones de la Fuerza Aérea de la Base de Santa Lucía.

Aquí les dejamos una pequeña galería de fotos de este lugar, tan irreal que cuesta trabajo pensar que está a pocos metros del bullicio del Aeropuerto. ¿Lo conoces?

Fotos: Guillermo Guerrero

Sobre Guillermo Guerrero

Guillermo Guerrero
Blogger primigenio, locutor de radio y periodista. Conoce los secretos y rincones más oscuros de la Ciudad de México. Bebedor legendario de cubas con Ron Matusalem.

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2 Comentarios

  1. Me encantó la nota, ojalá se permitiera el paso, sería un buen lugar para cureosear 🙂

  2. ARTURO ANDA HERNÁNDEZ

    Existe la posibilidad de comprar piezas de éstos aviones?? P.E. Asientos, Gabetas, etc.

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