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Correr, comer y beber en Zacatecas

Si hiciéramos una hipotética lista de las ciudades más hermosas de México, cuya comida, ambiente cultural, zonas de esparcimiento, lugares para caminar y la tranquilidad y generosidad de su gente fueran de primera línea, Zacatecas estaría sin duda entre las primeras cinco del conteo. Con más de 400 años de historia, ha sido cuna del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española en 1997, una fecha en la que casi coinciden en el Teatro Calderón -otro recinto importante- tres premios nobeles literarios (Camilo José Cela, Gabriel García Márquez y Octavio Paz). Además, es considerada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad, porque sus calles, comercios y avenidas son limpias, y ofrece a los turistas un buen número de museos, historias sobre la Revolución Mexicana, leyendas populares, apetitosos restaurantes y diversas rutas para correr.

El Palacio Municipal y la Catedral se iluminan al anochecer.

Nosotros la visitamos en julio pasado, con la idea de prepararnos para el medio maratón de Tijuana, influidos por la idea de entrenar en altura para conseguir una mejor condición antes de los 21 km de la competencia, pues la ciudad, además de estar a 2,440 metros sobre el nivel del mar -motivo por el que suelen irse a vivir en ella atletas de alto rendimiento-, tiene calles y avenidas planas que, si se corren a una velocidad promedio, los corredores fortalecen el trabajo sobre piernas, y cuenta con pendientes y bajadas que ayudan a nutrir su resistencia y capacidad pulmonar.

Si alguno de ustedes es amante de la riqueza cultural, a moverse de un municipio a otro para conocer la historia de cada uno, Zacatecas tiene cinco pueblos mágicos: uno en Jerez (lugar de nacimiento del poeta Ramón López Velarde); otro en Sombrerete (sitio donde se encuentra una de las casas de la familia Alva Edison); uno más es Pinos (lugar donde nació la escritora Amparo Dávila); Teúl de González Ortega (donde se está preparando uno de los mejores mezcales de la región): y el último es Nochistlán (municipio cercano a los Altos de Jalisco y también conocida como la Primera Guadalajara).

Correr en Nochistlán también es una delicia, es sumergirse en el campo mexicano, oler la hierba y el abono de vaca.

Pero si lo tuyo es visitar un museo y luego otro y otro y otro, Zacatecas cuenta también con la distinción nacional de segunda ciudad con más museos en proporción al número de sus habitantes. En ella se encuentra el Manuel Felguérez, que muestra una de las colecciones más representativas del arte abstracto hecho por la generación de la ruptura; el Museo de Arte Virreinal en el municipio de Guadalupe, que contiene una colección completa del pintor barroco Miguel Cabrera sobre la vida de María Guadalupe, y el museo Pedro Coronel, que alberga, además de su obra personal, la colección privada del artista que va desde piezas egipcias, griegas, chinas, hasta pinturas de Chagall, grabados de Dalí y Goya.

Conocí el Felguérez por allá de 1998, sabía muy poco de arte abstracto pero me gustaban los museos porque mis papás nos llevaban al que se nos pusiera enfrente durante las vacaciones, decían que la mejor forma de aprender es viajando. Puedo decir que la Generación de la Ruptura me emociona, me mueve hilos desconocidos y me declaro admiradora de Lilia Carrillo y seré poseedora de algún Manuel Felguérez, ¿cuándo? No sé. Visitar un museo es mágico, visitar el Manuel Felguérez es una experiencia obligatoria al visitar Zacatecas, uno sale con ganas de contagiarse de la genialidad del artista que a sus ochenta y tantos sigue creando. #abstractart #ManuelFelguérez #travel #florog #ZacatecasDeslumbrante @joelfloresle en uno de los puentes que comunicaban las celdas del antiguo Seminario de la Purísima Concepción (siglo XIX) y qué serviría como Cárcel también (siglo XX)

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Ya que si eres de esos que le entra duro a la comida, en el casco antiguo de Zacatecas hay restaurantes populares que ofrecen tacos dorados, carne a la parrilla y asado de boda. En ellos, además de beber un sabroso mezcal de la región, se come uno de los mejores pozoles y enchiladas de Centro Occidente, me refiero a Los Dorados de Villa y a la Cantera Musical, establecimientos donde nosotros, después de correr, frecuentábamos para recargar baterías.

Le tomamos foto al plato vacío, traíamos mucha hambre.

Y bueno, recapitulando lo del entrenamiento del medio maratón, las rutas que nosotros elegimos para hacer distancia fueron del bulevar García Salinas a la Zona Militar de Guadalupe, un camino cortado por el Parque de la Plata, donde actualmente el color verde de sus jardines y el terreno bien cuidado de la pista para trotar son un alivio para las piernas de los corredores. En promedio son casi 10 kilómetros solo de ida. En esta ruta no tienes dificultades con los carros, los transeúntes o la pavimentación. Una de las cualidades de Zacatecas es que no sufre con los baches ni congestionamiento vial, todavía, y las personas son muy respetuosas con quienes se ejercitan.

Para hacer ruta larga tomando en cuenta las pendientes, nosotros elegimos correr desde la calle Morelos, cruzar Quebradilla y subir y bajar el libramiento, para terminar en las faldas de La Bufa. Te recomendamos esta ruta porque gracias a sus zonas de descanso o miradores, como los nombran los zacatecanos, se puede contemplar la ciudad completa y el cerro de La Bufa. Desde nuestro punto de inicio al final, que es justo arriba del Rebote de Barbosa, son 8 kilómetros sólo de ida. En esta ruta tampoco sufrimos con los vehículos acelerados, pues aunque es un periférico de velocidad media, los conductores respetan los señalamientos y a los corredores. Asimismo, en la gran parte del camino hay banquetas en buenas condiciones, ellas ayudan a que el corredor se detenga a esperar a que pasen los carros y no pierda el ritmo. Esta ruta es muy buena, porque al terminar de correr, pudimos bajar por los estrechos callejones que te llevan, en menos de cinco minutos, al casco antiguo de la ciudad.

Los fines de semana al subir a La Bufa ya sea en carro o a pie, te encontrarás a varios ciclistas y corredores.

Otra de las rutas para hacer distancia intercalando subidas y bajadas más pronunciadas es la carretera del periférico con rumbo a Vetagrande. Este camino puede ser una tortura pero también un regalo para los ojos del corredor principiante, pues para correrlo se necesita tener mucha convicción, resistencia a las subidas e ir bien untado de bloqueador solar, porque el sol seco de Zacatecas no perdona ni en las mañanas. Sin embargo, si el corredor lograr finiquitar su ruta, el pequeño municipio que descansa debajo del cielo del semidesierto será un regalo para él. En Vetagrande están las gorditas de guisados más ricas y más baratas de todo Zacatecas. Sólo es cuestión de preguntar en cualquier tienda de la esquina y el dependiente los mandará con doña Lourdes, que tiene su negocio a un lado del ayuntamiento. Ella es tan generosa que les regalará agua para espantarse el calor de la cabeza y una sombrita agradable para comer y retomar la energía para volver a casa.

Los cielos más bonitos de México los encuentras aquí.

Si ustedes corren sólo del periférico a Vetagrande la distancia es un promedio de 10.5 kilómetros. Si hacen redonda la carrera son cerca de 21 o 22. Si de a tiro el sol y la fatiga los desgastaron, no se la jueguen. Existe un camión que pasa cada 20 minutos en el poblado, el cual los lleva casi justo a donde iniciaron su carrera con tan solo pagarle al chofer 11 pesos.

Por último, pues no todo es comedera y correr, Zacatecas tiene dos lugares míticos para convivir mientras se bebe. Uno es Las quince letras y otro Los toriles del hotel Quinta Real. El primero ofrece un ambiente de cantina para hombres y mujeres, se bebe de todo y tiene una rockola o un rascatripas a la orden para cualquier petición musical. A él suelen ir celebridades de incógnito y las glorias locales y no tan locales. El otro es más privado y hasta romántico, exige un presupuesto más alto pero se beben buenos cócteles y se tiene una vista maravillosa a lo que era antes la plaza de toros de la ciudad.

Sobre Joel Flores

Joel Flores
Escritor, corredor y fiel creyente de las historias escritas. Conoce Zacatecas como la palma de su mano y Tijuana como las plantas de sus pies. Es bebedor social de caguamas y cerveza artesanal. Escribe mientras corre y viceversa.

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