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César Ávila tiene 20 años, conduce un Uber durante 10 horas al día porque buscar estudiar para piloto aviador.
César Ávila tiene 20 años, conduce un Uber durante 10 horas al día porque quiere estudiar para piloto aviador.

De conductor de Uber a piloto aviador

Para muchos, Tijuana es zona de impacto, la ciudad de los narcotúneles, la prostitución, los migrantes, el crimen organizado y la violencia. Para constatarlo se recuerda el trágico episodio de Lomas Taurinas, zona donde asesinaron a uno de los iconos más representativos de los noventas, el candidato a la presidencia de la república Luis Donaldo Colosio. Sin embargo, debido a que es la frontera más transitada del mundo y a que está cerca de una de las ciudades más prósperas de California, Baja California se ha convertido en la esquina de América Latina donde termina la patria y comienzan los sueños de todos aquellos migrantes que vienen aquí a ser alguien en la vida.

En Tijuana, territorio donde el mar del Pacífico es frío, el clima húmedo y en agosto el calor se intensifica, vive César Andrés Ávila, un joven de 20 años que nació en Huatabampo Sonora y que actualmente trabaja como conductor de Uber alrededor de 10 horas, para convertirse en piloto aviador certificado por el Instituto de Aeronáutico del Noroeste, ubicado en el aeropuerto Abelardo L. Rodríguez, frente al muro fronterizo.

César llegó a Tijuana a los 2 años de edad, luego de que sus papás se instalaran para vivir acá la utopía de pareja, la de conseguir trabajo, una casa y la estabilidad económica para formar una familia. Desde que tiene memoria, los aviones, el cielo, las turbinas y el traje bien plisado de piloto se le ha metido a la cabeza como un sueño que debe cumplir. Al punto que, al llegar a la edad de trabajar, pidió a su papá que abriera una concesión con Uber, para que él manejara el carro tiempo suficiente como para juntar para la inscripción al instituto y el total de las colegiaturas anuales.

Frente al volante de un Dogde Atitud blanco, César nos dice que tiene siete meses trabajando para Uber, que conduce desde las 10 de la mañana y finaliza su turno hasta que el cuerpo se le agota o los ojos se le cansan.

“Quiero ahorrar rápido el dinero y, entre más trabaje, más pronto podré entrar a la escuela. Ojalá pueda lograr el 2018”.

Los fines de semana dobla turno. Le gusta vestir siempre pulcramente y andar bien peinado. “Desde ahora”, nos dice, “me voy haciendo de la costumbre de que un piloto debe vestir elegante, limpio, porque debe mostrarle a sus pasajeros que es una persona responsable, cuidadosa y que cuida de sí mismo. También me gusta hablar con propiedad y ser respetuoso, o de lo contrario no se sentirán cómodos”.

Afincado en Santa Fe, colonia donde las familias jóvenes de Tijuana están construyendo sus casa, César tiene tres hermanos, dos que trabajan también como conductores en Uber y una más en el departamento de mercadotecnia del club de beisbol Toros de Tijuana. Los tres lo apoyan con su decisión y quieren que logre su objetivo.

“Vengo de una familia unida y trabajadora”, dice César sin despegar su vista del volante, “ya me prometieron mis hermanos y papás que van a invertir en mí para que logre entrar al Instituto. Es más, mi mamá dice que, si me gradúo de piloto, por fin podrán viajar de un lugar a otro en un avión, y yo sé que voy a lograrlo, yo lo voy a conducir.

Sobre Joel Flores

Joel Flores
Escritor, corredor y fiel creyente de las historias escritas. Conoce Zacatecas como la palma de su mano y Tijuana como las plantas de sus pies. Es bebedor social de caguamas y cerveza artesanal. Escribe mientras corre y viceversa.

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