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Para muchos, las becas del FONCA son sensuales o estúpidas. En Barra libre Joel Flores nos da su punto de vista.

Estúpidas y sensuales becas del FONCA

Como ya lo había escrito alguna vez en mi columna de la Jornada BC, las becas del FONCA son tan atractivas, y algunas veces tan inalcanzables, que suelen levantar bajas pasiones en el mundo intelectual. Y se debe a que un gran número de artistas compiten año con año para ganarlas, mandando sus proyectos en el mes de abril para que un jurado conformado por especialistas los dictaminen. Los beneficiarios (que la mayoría de las veces son diez en cada una de las muchas categorías promocionadas por CONACULTA) son patrocinados durante un año para que conviertan en algo tangible y visible el proyecto que propusieron. La mensualidad que reciben son casi 9 mil pesos mexicanos. Suma que, si hacen cuentas, en Tijuana apenas sirve para pagar una renta y hacer el súper. Échenle números en Ciudad de México.

Pero como decía, las becas siempre han levantado bajas pasiones. Han unido amistades y desunido grandes amigos. Han hecho que algunos dejen de producir y han logrado que otros hagan grandes creaciones. Desde que ellas entraron a mi radar (seguro tenía 19 años) los que no las ganaban solían quejarse en sus plataformas virtuales como los blogs o en las noches de cantina, arguyendo que los jurados habían sido unos sesgados o hasta vendidos. Los que las ganaban, en cambio, solían hacer pública la noticia en sus bitácoras digitales, columnas de opinión o chisme de chat entre los amigos, con un dejo de presunción como para posicionarse entre los demás como un escritor patrocinado por el Estado, es decir, mantenido por nuestros impuestos.

En un país donde la escritura de libros no es tan bien pagada para los jóvenes escritores, como es bien pagado el oficio de contratista de albañiles, las becas del FONCA son un respiro y hasta necesarias para aquellos que en realidad quieren vivir escribiendo y su plan de vida es convertirse en escritores profesionales con una obra sólida, que los respalde. Hay aquellos que piensan que al ganar una de estas becas ya la hizo para siempre y, cegado por la fama efímera, termina renunciando a su trabajo de turno para dedicarse de lleno, grave error, al proyecto que propuso a CONACULTA. Hay otros que, no teniendo empleo ni algún ingreso seguro, ven la beca como un tablón de salvación que piensan durará toda la vida y, en lugar de conseguir una chamba que no les quite mucho tiempo mientras escriben ese año, disfrutan de los billetes mensualmente como si llegaran en abundancia. Pero al final, como todo en esta vida, la beca termina y la dura realidad los golpea al ausentarse la mensualidad acostumbrada.

El problema está en que los artistas mexicanos suelen ver estas ayudas como un salario para su trabajo, algo así como si hubieran entrado a la nómina de gobierno y su cheque puntual cada mes lo confirmara. Entre la vaga emoción, no visualizan que esas becas tienen fin y un año es nada. No alcanzan a entender que, en realidad, lo que hicieron fue venderle al Estado un proyecto que ellos desarrollarán durante ciertos meses hasta culminarlo, así como un ingeniero vendió a un desarrollador el proyecto de la construcción de un edificio que debe estar construido para ciertas fechas.

Escribir no sólo es una profesión solitaria donde uno debe pelearse contra la nada, es decir, la página en blanco, y crear —a través de palabras— una historia congruente y emotiva. Escribir o, mejor dicho, el oficio de escritor, conlleva a saber administrarse en labores, tiempos y, sobre todo, económicamente. Uno es su propia empresa, su propio contratista, contador y project manager. Si ninguna de estas áreas está funcionando adecuadamente, no habrá escritura de libros, o la habrá pero con carencias y sacrificios. ¿Quién dijo que ser escritor era fácil?, ¿quien dijo que creer en la inspiración daría de comer?  En cambio, si estas funcionan como engranes y poleas bien engrasadas, el que nos beneficien con una beca o no es ayuda extra o pecado diminuto, pues de alguno u otro lado ese tipo de escritor percibe ingresos para tener tiempo para leer y escribir. La beca del FONCA vendría siendo un ingreso más por uno de los libros que siempre ha deseado escribir y escribirá con o sin la ayuda del Estado.

Y todo esto lo escribo porque la semana pasada varios amigos me avisaron que me he ganado la beca del FONCA por tercer y última vez. La primera la obtuve a mis cortos 21 años de edad en cuento, y la segunda a mis 30 en novela. En esta ocasión cierro en la misma categoría, un género que, sin duda alguna, me está enseñando que escribir es un proyecto de vida. De la novela que voy a escribir hablaré en otro columna. Sólo puedo adelantar que cierra mi Trilogía del semidesierto, conformada por Rojo semidesierto, Nunca más su nombre y ésta que apenas inicia. 

 

Sobre Joel Flores

Joel Flores
Escritor, corredor y fiel creyente de las historias escritas. Conoce Zacatecas como la palma de su mano y Tijuana como las plantas de sus pies. Es bebedor social de caguamas y cerveza artesanal. Escribe mientras corre y viceversa.

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