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La Jalisciense: un molino con más de 100 años de historia

Ni el dueño de este negocio sabe cuántos años tiene en el corazón de la colonia Juárez. ¿Habrá cumplido ya el centenario?

La Colonia Juárez, en la Ciudad de México, ha tenido un resurgimiento en los últimos años: de ser casi exclusivamente habitacional, poco a poco comienza a llenarse de buenos negocios. Hoy por la calle de Londres encontramos bazares de diseño, galerías de arte, y un poco más allá, tiendas de bicicletas, comedores, restaurantes gourmet y hasta tiendas de artículos de boxeo.

Esta colonia surgió como iniciativa de Porfirio Díaz y eso se nota en la arquitectura tipo francés de muchas de sus casas. Pero no fue hasta 1908 que tomó su nombre oficial, celebrando el natalicio de Don Benito Juárez. Al norte su límite es el Paseo de la Reforma y al sur, la avenida Chapultepec. Y es de ese lado, en Abraham González número 135, que sobrevive el pequeño molino “La Jalisciense”.

Los bilimbiques

Entrar a este molino es como un viaje al pasado. Hay un letrero pintado a mano que nunca se ha movido de su lugar con la leyenda “Sin duda ésta es la casa que produce la mejor harina fresca especial para tamales. Si le agrada le suplico la recomiende”. Su dueño actual es Don Antonio López Ávila, que heredó el negocio de su tío, pero no está seguro desde cuándo está ahí: “Verán, mi tío venía de Jalisco, supongo que buscando mejores oportunidades de trabajo. En este mismo lugar puso una tortillería que solo duró dos años y luego la cambió a molino. No tengo ni idea de cuánto tiempo tenga mi negocio. El papel más viejo que tengo es de 1934, pero seguro estaba mucho antes que eso”

– ¿Tiene alguna pista? –preguntamos
– Mi tío me contaba que en este mueble que está aquí –lo dice al señalar un viejo cajón de madera– metía los bilimbiques. Así que calcúlenle.

Los bilimbiques fueron unos vales que se emitieron de 1913 a 1916. Venían de la Mina Green, cuyo dueño era un gringo llamado William Weeks, que suena a Bilim Biq y de ahí, bilimbiques. Eran aceptados como moneda corriente. De ser cierto, este molino ha llegado a su centenario.

– Todo lo que ven aquí es original. Esta colonia era residencial, el mercado de acá enfrente ni existía, eran solo unos puestos con techo de lámina -nos dijo Don Antonio.

El molino se especializa en maíz para pozole y tamales, aunque también venden todo tipo de especias: chile piquín, gengibre, cocoa, comino, anis, pimienta y cebada. “Todos los ingredientes tienen la misma calidad desde siempre, aunque antes se vendía más sin duda. También dejamos de vender ciertos productos, como maíz quebrado para los pájaros. La gente ya no lo pide pero se quedó el cajoncito de recuerdo”.

– ¿Nunca ha remodelado el negocio?
– Nunca ¿para qué? Ve estos cajones de madera o mi mostrador. Están hechos de buena madera. Si ahorita intentara cambiarlos te aseguro que no durarían ni cuatro años. Estos cajoncitos han aguantado el paso del tiempo.

Sus clientes son tradicionales: familias que han comprado ahí por generaciones. Don Antonio nos cuenta que hace unas semanas llegó una señora a comprar cosas y que llevaba una pequeña tarjetita que le dio su abuelita, con la dirección del local. Esa tarjetita era un calendario ¡de 1964!

– La abuelita guardó ese calendario toda su vida y mandó a su hija a buscarnos. Por supuesto le pedí a la señora que me la regalara, miren.

¡Wow! ¡Viejísima! Don Antonio reconoce que la clientela ha bajado mucho a través de los años y que algún día tendrá que heredar su molino. Esperamos que eso no ocurra pronto. Mientras, cuéntanos, ¿hace cuánto que no visitas un molino tradicional?

Don Antonio López Ávila

 

Sobre Guillermo Guerrero

Guillermo Guerrero
Blogger primigenio, locutor de radio y periodista. Conoce los secretos y rincones más oscuros de la Ciudad de México. Bebedor legendario de cubas con Ron Matusalem.

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