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Las puertas abiertas de Paraíso Perdido

Algunas vez escuché decir a un amigo escritor de la vieja escuela que el panorama editorial en México puede clasificarse casi igual a como se clasifican las ligas de futbol. La tercera división vendría siendo los fondos estatales; la segunda los fondos nacionales como el de Tierra Adentro; y la primera todas aquellas editoriales transnacional como Alfaguara, Random House o las independientes de prestigio y abolengo —por la calidad de su catálogo—, como Ediciones Era o Sexto Piso. Las otras editoriales independientes con menos renombre, en cambio, oscilarían entre la tercera y la segunda división porque no cuentan con el soporte económico para echar a andar una estrategia que conduzca al libro de un autor que apenas comienza hacia las manos de cualquier tipo de lector, o porque tampoco tienen los medios para construir y promocionar un catálogo decente.

Cierto o falso, la historia de la escritura nos ha enseñado que si escribir un libro de calidad es una tarea complicadísima, publicarlo donde se merece es quizá más ardua si no se es favorecido por la guía de un agente literario o la generosidad de algún colega escritor con trayectoria que recomiende la obra a quien cree podría publicarla. Algunos escritores que podrían ser de primera división no han dejado de publicar en segunda o tercera porque su obra –que seguro es buena– no ha encontrado las circunstancias o las personas indicadas que la favorezcan. Elmer Mendoza y Luis Humberto Crosthwaite, dos plumas reconocidas por la crítica nacional, dieron el salto a primera división —para seguir con la alegoría futbolística— publicando sus novelas en Tusquets gracias a la recomendación de Federico Campbell al editor que entonces estaba a cargo. Y el editor, al descubrir la calidad en ellas, no dudó en publicarlas. Pero no todos los casos son peras con dulce. También existen aquellos salpicados de limón con chile, donde a ciertos catálogos de primera división se les cuela libros de dudosa calidad literaria porque se impuso el alto perfil popular del autor o autora —que genera ventas— ante la verdadera calidad o fue una recomendación fallida.

A estas alturas, el escritor que apenas inicia debe saber que publicar sus libros no sólo depende del oficio y el talento, sino también de la suerte y las circunstancias. El oficio debe conectarse con la perseverancia, las relaciones públicas y el milagro de que un agente o un editor, que tienen el tiempo medido, se den la oportunidad de leer con calma cierto libro y apostar por él. Si no me creen, recordemos cuántas veces rechazaron las novelas de Samuel Beckett y las del Robert Walser. En nuestro panorama de editoriales mexicanas, no obstante, existe una luz que brilla como sol otoñal. Nos referimos a Paraíso Perdido, editorial independiente que fue fundada en 1998 en Guadalajara por un grupo de amigos asiduos a los talleres literarios, que se conocieron en las mesas de redacción de algunas revistas. Tras haber formado la hoja literaria La voz del esfinge, cuyo nombre tuvo resonancias en las universidades de humanidades en Centro Occidente hace diez años, echaron a andar la complicada tarea de emprender una editorial independiente para publicar —como lo hacen muchos— sus propios libros y los de los jóvenes escritores de Jalisco. Después, el proyecto encontraría sus propios lectores, un concepto editorial definido y un catálogo conformado por escritores no sólo de Jalisco, sino de Ciudad de México y Tijuana.

Ante su nombre, que nos recuerda al poema de John Milton, Antonio Marts —uno de los socios fundadores—, nos explica que muchos piensan que se lo “robaron” al poeta consagrado, pero hay poco de razón en eso. Así como la historia de la escritura nos habla de rechazos editoriales, también nos comunica historias de homenajes literarios y de obras de escritores que se convierten en ideas para abrir nuevos proyectos. Cada uno de los libros que publica Paraíso Perdido tiene el objetivo “de recordarle al lector que la lectura es la puerta de entrada al paraíso de las historias, a los universos paralelos, a la posibilidad de vivir diversas vidas y ajenas a la realidad personal”. Ellos ven en los libros la posibilidad de recuperar el paraíso.

Y lo están recuperando gracias al interés de los lectores jóvenes que ven en esta editorial una literatura nueva, cercana a su realidad inmediata. Cualquier que esté siguiendo su cuenta de Instagram o alguna de sus redes sociales podrá constatarlo. Paraíso Perdido sabe que existe un mercado amplio en la venta de libros en línea, así como sabe que somos una generación que aplica aquello de que “de la vista nace el amor”. Por eso nos ofrece libros de un tamaño amistoso para el lector, los cuales están constituidos por medidas equiparables a la mini iPad y por portadas que muestran un elegante cuello uve en la parte superior y un estampado de colores fuertes o mesurados en la interior. Más abajo, a mano derecha, está el logo del árbol de la imaginación. No conforme con ello, sus campañas publicitarias también son atractivas: usan la jerga de las series de televisión, como “Historias sin spoilers”, o las preparadas citas a ciegas con los libros y los lectores, una vez que regalan a sus seguidores preseleccionados sus novedades editoriales ocultas en papel estraza. “Tenemos claro que nuestro reto es el que tiene cualquier empresa para sobrevivir, y para eso hay que intentar ser creativos, encontrar nuevas maneras de hacer lo que a uno le encanta”, confiesa Marts.

En cuanto al contenido de sus libros, nos explica que desde un inicio quisieron publicar historias que los emocionaran, que los hicieran ver el mundo con otros ojos, y esas historias las encontraron principalmente en las propuestas de los escritores nacidos durante la década del 70 y 80. Esas dos generaciones les ha dado el material para ir creando un catálogo donde ya están los nombres de Édgar Adrián Mora, Gabriel Rodríguez Liceaga, Alejandro Paniagua, entre otros. “Apostamos por los que no han terminado de dar el brinco en cuanto al reconocimiento de su obra, pero tienen todo para darlo, y nosotros queremos ofrecer esa plataforma porque creemos en su trabajo. Nuestro objetivo es que dentro de algunos años nuestro catálogo pueda ser un referente de la narrativa escrita por ellos”.

Con respecto a su trabajo de selección de libros, Marts nos explica que invitan a presentar sus manuscritos para dictamen a un número pequeño de autores que ellos mismos han venido siguiendo desde tiempo atrás. También revisan propuestas que recomiendan sus plumas de casa. “A veces un autor que ya publicamos nos habla de algún escritor que le parece interesante y también hay algunos que se acercan o nos mandan propuestas porque han visto el trabajo que estamos realizando”.

La editorial cuenta con un consejo de lectores, incluidos los socios, que leen el material que se recibe mes con mes. “Se recibe de todo”, detalla Antonio, “desde propuestas incipientes a las que les falta mucho trabajo, hasta obra de autores que encajan perfectamente en el catálogo que estamos construyendo”. Su página dice que suelen tardar en dar respuesta positiva o negativa entre cuatro a seis meses, pero en algunas ocasiones han tardado menos. Sin embargo, debido al número alto de manuscritos que les llegaron durante 2016 y 2017, este año no están aceptando propuestas. “Y esto tiene mucho que ver con guardar un equilibrio entre lo que se quisiera editar y lo que realmente se puede publicar”. Pues Paraíso Perdido, aparte de ser un posible trampolín para sus autores, busca ofrecerles ante todo buen trato, diálogo, flexibilidad y confianza. “Nos gusta que los autores que firman con nosotros estén tranquilos y contentos, que tengan la certeza de que su libro se difundirá y distribuirá en la medida de nuestras posibilidades y que buscaremos la mayor cantidad de lectores posibles”. Un trato que es muy difícil de encontrar en las editoriales comerciales, donde se privilegian a los autores consagrados y no a los que apenas comienzan.

Antonio es un editor que planifica el número de los libros que van a publicar y sus fechas de aparición. “Una vez que termina la locura que es la FIL Guadalajara, hacemos el plan de trabajo del siguiente año”. Y acepta que solo pueden publicar cierta cantidad de libros anualmente. Hacerlo así es manejarse como una editorial responsable de su presupuesto y del tiempo que hay que dedicar a cada libro. Ello obliga a su equipo a pensar muy bien qué van a editar. Desde su independencia como editorial, es un reto conseguir el financiamiento para la edición e impresión. Otro reto es que los lectores se interesen por sus libros. En un país donde de la distribución de ejemplares goza de mejor salud que cuando Paraíso Perdido inicio su proyecto, aún sigue sin existir una política de Estado que fomente el trabajo de las editoriales. “Y no hablo de apoyos monetarios, me refiero a un programa que aliente la creación de librerías independientes, de barrio, que acerquen a los libros a sus comunidades”.

Y este objetivo quieren lograrlo centrando sus esfuerzos en la publicación de narrativa, sobre todo del género cuento. Una apuesta que le da otro punto positivo a la editorial independiente, pues desde hace dos décadas el cuento ha sido marginado por las transnacionales, argumentando que los lectores de hoy buscan más novelas que libros de relatos, porque las novelas dan una sola historia larga que un lector acaba una sola vez, el cuento en cambios exige más. Estas editoriales, apegadas a sus líneas de trabajo, ignoran que los lectores jóvenes podrían acercarse más a la literatura empezando a leer pequeñas historias que aquellas de largo aliento. Otro de los objetivos de Paraíso Perdido es ser una empresa autosustentable, que no dependa de los apoyos del Estado, pero que tampoco se aleje de ellos. “Una verdadera editorial independiente depende de sus propios esfuerzos y maquinaria interna”, confiesa Marts defendiendo el trabajo que han venido realizando. “Procuramos no depender del apoyo del Estado, porque el día que estos recursos se acaban, se mueren los proyectos. Buscamos las coediciones y las coinversiones, pero no sólo con el Estado, también con universidades y hasta empresas. Tenemos claro que debemos generar lectores a los cuales enamorarlos de los libros que editamos para tener una balanza que nos permita vivir de editar libros”.

A lo largo de sus 19 años de existencia, han publicado más de 120 obras. Debido a que han pasado por diferentes épocas y cambios, algunas de sus colecciones están en pausa, otras desaparecieron y llegaron algunas nuevas. Su colección principal es “Taller del amanuense”, en ella publican cuento y novela, Marts suele llamarla su buque insignia, porque ella se está conformando por autores jóvenes que seguro tendrán mucho que dar en un futuro. A la par, publican libro ilustrado en “Cuadernos de Leyndármal”, novísimas propuestas o libros breves de autores con cierta trayectoria en “Biblioteca instantánea”, a las que se suman “Divague” de ensayo literario, “Logófago” de ensayo académico y divulgación de la ciencia y “Los vigilantes” de narrativa gráfica. Antes de cerrar el 2017, van a publicar novedades de Rodolfo JM, Daniel Espartaco Sánchez, Nadia Contreras, Joaquín Peón Iñiguez, Néstor Robles, Dolores Garnica, Alfonso López Corral, Luis G. Abbadie, Gabriela Torres, Eugenio Partida, Rafael Villegas, Eduardo de Gortari, Dan Lee, Fernando de León y Daniel Centeno.

Y la lista sigue.

“Tenemos también ya varios libros para el próximo año, los cuales revelaremos a principios de 2018. A mediano plazo la idea es comenzar a publicar autores de otros países e incluso pensar en traducciones, pero más que nada consolidar los puntos de distribución. Y claro, apoyar a nuestros autores a que sus libros se editen en otros países y en otros idiomas, que no se queden solo en México”, finaliza Marts.

Actualmente, los libros de Paraíso Perdido pueden adquirirse en librerías de Guadalajara, Ciudad de México, Tijuana, Puebla, Monterrey, Morelia, Patzcuaro, Aguascalientes, Torreón, Hermosillo y Oaxaca. También pueden visitar su tienda en linea. Los integrantes de Cazacocteles los invitamos a seguir las redes sociales de esta editorial (Facebook, Twiter), las cuales indican de manera particular en qué librerías encuentran su catálogo. Y, como último, recomendamos especialmente a los lectores que compren sus libros. Es una empresa que pronto la verán jugar en primera división.

 

Sobre Joel Flores

Joel Flores
Escritor, corredor y fiel creyente de las historias escritas. Conoce Zacatecas como la palma de su mano y Tijuana como las plantas de sus pies. Es bebedor social de caguamas y cerveza artesanal. Escribe mientras corre y viceversa.

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