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Las Vegas: la fiesta que calló

 

Estuvimos el pasado fin de semana en Las Vegas para la boda de nuestro amigo Mago, durante 3 días celebramos el amor, bebimos, lloramos al escuchar sus votos matrimoniales, el discurso del padre de Romy, hicimos nuevos amigos, recorrimos casinos, la algarabía reinaba entre el grupo de poco más de 40 personas formado por familiares y amigos de la pareja. El domingo por la mañana bajamos a la alberca del Treasure Island, Joel y yo hicimos un recuento de las últimas horas, nos pusimos intensos sobre nuestro futuro juntos, nos emocionamos al caer en cuenta que compartiríamos mes de aniversario con los recién casados, nosotros el 27 y ellos el 30 de septiembre, esas coincidencias bonitas de la vida, seguro haremos maratón de Game of Thrones con pizza y cerveza, dijo Joel. A las 11:15 acordamos irnos a casa y no quedarnos hasta el lunes como teníamos pensado, subimos a la habitación a tomar nuestro equipaje, al salir de los elevadores nos esperaban los honeymooners, gracias por la invitación, nos vemos pronto, muchas felicidades. Emprendimos el regreso a casa y nos topamos con el tráfico de la carretera Interestatal 15 sur, así que paramos en Fashion Outlets of Las Vegas para alejarnos de las enormes filas de carro a vuelta de rueda, revisamos la mejor hora para salir hacia el suroeste, mientras tanto nos entretuvimos en las tiendas y cenamos.

El viaje fue tranquilo, Joel al volante, yo a cargo de la navegación y la música. Al llegar a Tijuana nos tocó por primera vez el escaneo con rayos x, un proceso que tomó unos quince minutos. Casi en casa nos llegó un mensaje de mi hermano preguntando si habíamos llegado, acto seguido mi cuñado también preguntó lo mismo, fue el momento en el que nos enteramos del tiroteo en Las Vegas. Sentí coraje, sentí culpa porque hace unas horas habíamos estado divirtiéndonos así como los asistentes al Festival de música country (Route 91 Festival). Nos fuimos a la cama con la noticia de veintitantos muertos y al menos 50 heridos, despertamos con números inimaginables, 58 hombres y mujeres que no regresaron a su hogar, un enfermero que le salvó la vida a su esposa antes de morir (Sonny Melton), un veterano de la Marina norteamericana que sirvió en Afganistán (Christopher Roybal), una maestra de educación especial (Sandy Casey), un estudiante de la Universidad de Nevada (Quinton Robbins), más de 500 heridos y miles de personas conmocionadas por la masacre perpetuada por Stephen Paddock desde el piso 32 del Mandalay Bay, un hombre blanco de 64 años de edad quien vivía en Mesquite, una comunidad de retiro en el estado de Nevada a tan sólo hora y media de Las Vegas.

Esta masacre es el tiroteo masivo más grande en la historia moderna de los Estados Unidos, revive el eterno debate sobre la portación de armas de fuego, aún cuando los defensores de la segunda enmienda dicen que no es tiempo de sacar agendas políticas y es mejor enfocarse en aliviar el dolor de las víctimas y sus deudos. La Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés) se ha mantenido muda, en su cuenta oficial de twitter no hay mensajes de apoyo o condolencias, han sido eficientes al empujar su propia agenda y hacerle ver a los americanos que “la única forma de detener a un hombre malo con una pistola es con un hombre bueno con una pistola” (the only thing that stops a bad guy with a gun is a good guy with a gun), de acuerdo a su vicepresidente ejecutivo Wayne LaPierre. Sí es momento de cuestionar por qué Stephen Paddock tenía varias armas de fuego en la habitación desde la cual disparó por un lapso aproximado de 10 minutos en varias ocasiones, antes rompió los vidrios del hotel, ¿lo hizo porque pudo, porque nadie lo detuvo, porque su derecho a portar no una, sino más de diez rifles le hizo más sencillas las cosas?

El ambiente de Las Vegas cambió, la eterna fiesta calló, paró la música y el júbilo, los shows del Mandalay Bay, Luxor, Excalibur, MGM Grand, Aria, Bellagio, Planet Hollywood, Harrah’s fueron cancelados incluyendo los de Cirque Du Soleil, los residentes y visitantes están de luto. Las filas para entrar a ver a Jennifer López, subirse a las góndolas del Venetian, tomarse fotos en los jardines del Bellagio o en el icónico letrero “Welcome to Fabulous Las Vegas Nevada” fueron trasladas a los bancos de sangre, en redes sociales vimos varios videos de multitudes esperando su turno para donar.

Leímos las condolencias en twitter de Trump, del propio Obama y Bill Clinton, de presidentes de varias naciones como Peña Nieto, Trudeau y Macri, las vimos intercaladas con rostros desconocidos que invitaban a rezar por Vegas y los famosos como Ariana Grande, Lady Gaga, Rihanna, Taylor Swift, Celine Dion y Mariah Carey, no importaba de quién fuera el tuit, la constante era la conmoción provocada por un solo hombre, el horror, el amor hacia quienes perdieron a un amigo, una madre, un esposo, una hija, hacia los que corrieron por su vida.

Septiembre unió a los mexicanos con el resto del mundo, brindamos ayuda humanitaria cuando habíamos perdido la fe en la humanidad, esa solidaridad surgió de la tragedia ocasionada por huracanes y sismos, el apoyo iba y venía, para los texanos y los oaxaqueños, llegaban refuerzos de Canadá, Estados Unidos, España, Japón, Baja California, Chihuahua o Monterrey, nos hermanamos con el atrapado entre los escombros, dimos refugio temporal a perros y humanos, nos olvidamos por un momento de etiquetas y nos sentimos poderosos. Creímos otra vez en la naturaleza benévola de la raza humana, pero llegó octubre y nos dimos cuenta que un solo hombre puede matar a más personas en diez minutos y que a diferencia de los desastres naturales, lo primero debería ser inimaginable.

Sobre Flor Cervantes

Corredora de largas distancias, escribe, ríe todo el tiempo, platicadora, ve Friends por las noches y tiene tres perros, sí tres. Le entra sabroso al whisky en las rocas, también le da por cantar y bailar en donde se pueda.

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