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Luis Royo. “Tenemos que luchar por nuestro silencio”

Luis Royo (España, 1954) es un ilustrador español conocido mayormente por sus ilustraciones erótico-fantásticas. Vaya, para acabar pronto: todos los que fuimos adolescentes en la década de los ochenta -y que hoy somos chavorrucos– conocemos su trabajo . Sus pinturas sobre mujeres, demonios, mundos futuristas, espadas y samuráis eran todo lo que necesitaba un joven en pleno crecimiento. Royo, junto con Milo Manara y Boris Vallejo, se convirtieron en los ídolos juveniles de México: miles de reproducciones de sus trabajos fueron comercializados afuera de cada escuela, sin permiso ni ganancia para ellos, en aquella época pre-internet.

Sin embargo con Royo pasaba un fenómeno peculiar. Al no tener acceso a más información que la ofrecida por esas imágenes en sí mismas, nos preguntábamos: ¿quién era el autor de esas imágenes tan codiciadas? ¿esas imágenes formaban parte de un proyecto más grande? y lo más importante ¿cómo se podían conseguir más de ellas?

Tuvimos la oportunidad de platicar con él sobre este y otros asuntos durante La Mole Comic Con, en la Ciudad de México. Esto fue lo que nos dijo.

Firmando autógrafos. Foto: G. Guerrero.

 

Cazacocteles: Antes que nada, querido Luis, tenemos que confesar que nos contamos dentro de ese grupo de adolescentes mexicanos que buscábamos las pequeñas reproducciones ilegales de tus pinturas, allá en los ochenta. A tus dibujos los llamábamos “cromos” y se vendían en todos los formatos ¿Tú lo sabías?

Luis Royo: ¡Ja ja ja! ¡No! Bueno, me lo imaginaba. La vez que supe que mi trabajo era famoso a nivel mundial fue cuando entré a una tienda en China y vi una de mis ilustraciones ahí. En vez de enojarme, me dio gusto.

CC: ¿En serio? Otra fenómeno que pasaba es que muchos dibujantes en aquella época trataban de copiar tu estilo. Pero uno se daba cuenta que había algo detrás, un trasfondo narrativo. Eso que, atinadamente has llamado, “asomarse a una ventana a otro mundo”. 

LR: Me alegra que lo menciones, no son temas que suelen salir en las entrevistas. Mira, yo venía primero de la pintura, en época de la dictadura y del franquismo. Mi pintura era social. Este tipo de crítica acabó cuando vino la transición democrática, así que me refugié en la fantasía. Primero empecé con el cómic, pero me agobiaba mucho porque era demasiado detallista en las viñetas. Fue cuando me metí al mundo de la ilustración y descubrí un mundo nuevo. En la ilustración tienes que narrar con una imagen. La diferencia que tenemos con la pintura es que, con ella, hay un pacto visual que le permite estar en una galería o un museo: no es necesario que narre, aunque puede hacerlo. Pero en la ilustración sí es necesario que cuente algo porque además estás compitiendo con miles de imágenes en una librería y tiene que destacar tu discurso.

Yo desde el principio intenté que –de todo el trabajo que hice para novelas, portadas o revistas– me tenía que guardar una parcela para mí. Intenté que la mitad de la producción fuera personal y la guardé en los cajones. Era en ese trabajo íntimo cuando comencé a hacer apuntes y pequeños cuentos para cada ilustración, que he guardado y que de vez en cuando publico.

II Millennium. FB: Luis Royo Art.

CC: ¡Haces eso!

LR: Sí, por lo menos una pequeña idea ¿sabes?. A veces era más larga, a veces más corta, pero me hago ese mundillo. Lo mismo sucede con los bocetos que también guardo en los cajones. Me gusta dejarlos reposar y luego volverlos a ver, porque lo haces con una mirada más fría. Debo contarte que he ido más lejos de eso: hice un proyecto multimedia, Malefic, que va más allá de todo lo que siempre pensé hacer: es la creación de un universo completo. Una de la parte de este trabajo fue para libros y la otra para exposiciones, así que hice pinturas de más de dos metros y otras más pequeñas. Ya hice exposiciones de este proyecto en Barcelona, París, Madrid y Bruselas. Es un universo que cubre varios libros, hay un grupo de metal que están haciendo música para mis libros, figuritas, un manga y muchas cosas más.

CC: Es muy raro que un ilustrador pase de las portadas o el trabajo impreso a explorar un mundo tan amplio como tú lo hiciste con Malefic

LR: Fue un salto al vacío ¿eh? Lo hablamos con Rómulo [Rómulo Royo] y dijimos “¿por qué no?”. Nos juntamos con colaboradores –porque de música o manga no sabemos nada– e hicimos un grupo creativo en el que cada quien cogiera su campo; resultó una experiencia muy bonita porque nos enriquecemos todos. También es verdad que el mercado ha cambiado. Las editoriales al principio se espantaban un poco y me decían “¿Vas a hacer unas pinturas tan bestiales para un libro de ilustraciones?”. Y sí lo hice, pensando más allá y en el resultado final. Costó mucho que entendieran esto.

CC: Hay mucho desencanto en México. Hay mucho talento y buenas ideas, pero también mucho miedo de dar el salto que hiciste tú.

LR: Sí, la industria capitalista tiene una línea para que haya un beneficio. Eso está claro y no podemos evitarlo. Para todo lo que ‘huela a nuevo’ tienen un escudo que no van a quitar hasta que funcione. Y cuando pasa, te dan la palmada en la espalda, nada más. Pero en este medio, y como artista, tienes que aventurarte y que no pierdas esa emoción. A mí me da mucho miedo llegar al tablero de dibujo y hacerlo como un autómata. Me horroriza. Aún hoy, con los años que tengo llego con la misma emoción de antes, pensando que a lo mejor no me va a salir la ilustración o la idea que tengo en mente.

Cucarachas. FB: Luis Royo Art.

CC: El trabajo de un ilustrador como tú se parece más al de un escritor que todo el tiempo está inventando mundos nuevos. Ventanas y puertas a universos que no conoces y que estás explorando por primera vez.

LR: Nos sentimos cerca de los escritores porque también somos narradores, pero visuales. Hoy hago menos trabajo de encargo y más personal. Pero aún así es muy bonito entrar al universo de otra persona: ahora mismo estoy haciendo algunas cosas para George R.R. Martin, el de Juego de Tronos. Entiendo que hay un desprecio al trabajo por encargo (entre los que se llaman “artistas”) y yo me defiendo diciendo que “Las Meninas” también fue un encargo ¿no?. Conseguir conectar dos mentes, uno desde el punto de vista visual y el otro desde la literatura, también es bonito.

CC: ¿Cómo te nutres como autor?

LR: Tal vez de joven te hubiera dicho que viendo muchas imágenes: viendo videos musicales, yendo a exposiciones o leyendo. Pero hoy en día estamos llenos de imágenes por todos lados, así que eso se da por hecho. En estos momentos de mi vida lo que noto es que hay que luchar por el silencio, por tener momentos con uno mismo. Sentarte, reposar, darte el espacio. Este espacio para nosotros mismos, es muy necesario y no es una pérdida de tiempo. Es esa parte mística. Hay que luchar por él porque si uno se descuida, te lo quitan, te lo arrebatan: que si contestas el mail, que si estás al pendiente de internet. Se acaba el día y no has tenido un momento para ti mismo, para tus pensamientos, para solidificar una fantasía que estás creando. Yo intento agarrarme de ahí.

Y debo de admitir que a veces, con la vorágine de estos tiempos, al final del día me doy cuenta que me robaron esta parte. Al siguiente día me digo: “No Luis, no dejes que nadie te robe esta parte” y lucho por ella. Es peligroso para la creatividad no tener el silencio.

CC: Mil gracias por tu tiempo, Luis.

LR: ¡Gracias a ustedes! México es un hervidero de creatividad. En las calles se siente como cuando hierve el caldo, de tanto movimiento creativo. ¡No lo pierdan!

Sobre Guillermo Guerrero

Guillermo Guerrero
Blogger primigenio, locutor de radio y periodista. Conoce los secretos y rincones más oscuros de la Ciudad de México. Bebedor legendario de cubas con Ron Matusalem.

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