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Foto: Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez
Foto: Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez

Más whisky para los colombianos, entrevista con Daniel Salinas Basave

Daniel Salinas Basave en estos momentos se encuentra en Bogotá, es uno de los cinco finalistas del premio Hispanoamericano de cuento Gabriel García Márquez. Nuestra pluma Joel Flores, otro norteño afincado en Tijuana, consiguió una entrevista con él a un día antes de que se revele el primero de noviembre quién será el ganador. 

El 11 de agosto de este 2017 celebré en mi columna semanal de la Jornada BC la noticia de que el libro de relatos Días de whisky malo, de Daniel Salinas Basave, se coló inesperadamente entre los trece finalistas del más prestigioso premio hispanoamericano Gabriel García Márquez, organizado por el Ministerio de Cultura de Colombia. Daniel, un escritor que de 2012 a 2016 no ha parado de sacar libros como si fuera una máquina perfectamente diseñada para hacer buena literatura, es el único mexicano que está en la lista con un compendio de seis cuentos de largo aliento -casi novelas cortas- que había pasado inadvertido en México: ganó en 2014 el Premio Gilberto Owen, pero ninguna editorial, ni siquiera la institución cultural que convoca el premio, se había animado a publicarlo luchando al menos por conseguir una coedición, ni mencionar siquiera las editoriales transnacionales que, cegadas por su política de publicar novelas y solamente libros de relatos de escritores afincados en el centro de México o cercanos al centro, dejan de lado obras de narradores de la periferia, mismas que terminan siendo reconocidas, como en esta ocasión, fuera de nuestro país.

Sin embargo en 2016, sin el apoyo o asesoría de un agente literario, es decir solito y sin padrinos, Días de whisky malo se vio cobijado por una editorial regiomontana, dirigida por un escritor también de la generación del setenta, Antonio Ramos Revillas, que apostó por la publicación del compendio de relatos como lo hizo por otros libros que a la fecha son casi imposibles de conseguir. Tirando una preciosa edición de mil ejemplares, cuya portada de color morado ofrece un tierno saurio naranja, el libro de Daniel muy apenas pudo presentarse en ferias y festivales de libro en el Norte de México y ni a los comentaristas de periódico les pasó por la mente mencionarlo o reseñarlo. Inclusive en la Feria del Libro de Tijuana, la misma donde Daniel suele llevarse la fiesta comentando la obra de otros escritores, no figuró dentro de su programa literario a causa de un descuido de la organización. El whisky pasó inadvertido, como un libro más que escribió un narrador prolífico, y se debió quizá a que en el mismo 2016 los libros estelares de Daniel fueron un novela y otro de relatos, los cuales habían sido reconocidos por otros dos premios: la mención honorífica en el concurso de novela Mauricio Achar, con Vientos de Santana, y el primer lugar en el concurso de cuento de Baja California Sur, con Dispárenme como a Blancornelas.

Semanas después, en la reñida segunda ronda eliminatoria celebrada a finales de septiembre, Días de whisky malo volvió a dar noticias alentadoras. A palabras de su autor, que prefiere pensar en el fracaso que hacerse ilusiones a veces falsas de la victoria, la noticia lo sorprendió. Frente a una competencia dura, formada por libros propuestos por editoriales como Eterna Cadencia, Alfaguara, Anagrama y Páginas de Espuma, el whisky se incluía nuevamente pero ahora entre los primeros cinco finalistas posibles para recibir el premio de cien mil dólares y la promoción de mil quinientos ejemplares que se destinarán a todas las bibliotecas públicas de Colombia. De modo que Daniel seguía siendo un candidato fuerte junto a escritoras y escritores como la ochentera Liliana Colanzi (Bolivia), Soledad Puértolas (España), Alejandro Morellón Mariano (España) y Federico Falco (Argentina).

Y estar nominado en este tipo de concursos no significa cualquier cosa. El premio Gabriel García Márquez para libro de cuentos publicado es un escaparate para escritores conocidos y desconocidos. Desde su primera edición (ahora va en la quinta), ha promocionado la obra de los finalistas y el ganador de cada emisión, al punto de que los ojos de las editoriales de los países de origen de los autores y extranjeras comienzan a interesarse en ellos para publicar su obra, traducirla y mostrarla a todos los lectores. A palabras del coordinador del concurso, Valentín Ortiz, “La naturaleza del premio, además de impulsar el género, es buscar nuevos nombres”. 

Esto significa que Daniel, después de Héctor Manjarrez y Juan Villoro, es el tercer mexicano en la historia de este premio que ha sido candidato a ganarlo, luego de haber pasado las tres primeras etapas eliminatorias. Y es también el primer norteño que llevará al lado de su nombre, además de una retahíla de títulos de buenos libros, el de uno de los mejores escritores de América Latina, Gabriel García Márquez.

Como los miembros de Cazacocteles no sólo admiramos el trabajo que ha venido haciendo Daniel, si no que también lo estimamos por la enorme generosidad que ha mostrado hacia nosotros, la tarde de ayer le enviamos un cuestionario que se convirtió en esta entrevista, misma que el autor nos contestó la madrugada del día de hoy desde un hotel de Bogotá, para compartirnos parte de su ansiedad provocada por el no saber cuál será el veredicto del jurado, cómo nació Días de whisky malo, cuál ha sido su experiencia como escritor mexicano con la editoriales comerciales, cómo se ha abierto camino gracias a los premios literarios y con quién está agradecido en su vida en este momento azaroso, horas antes de que se sepa el nombre del ganador.

Saludamos a Daniel Salinas y él nos contesta:

Colega, mi primera noche colombiana es de predecible insomnio y apenas he dormido un rato. Dentro de unas horas viviremos un día intenso. Creo que una buena terapia para esta noche blanca (después de garabatear unas seis páginas de Moleskine) es empezar a responder estas preguntas.

Yo me pongo atento, saco mi pluma y arrojo la primera pregunta: ¿Cómo nació Días de whisky malo?, cuéntanos poquito sobre ello y cuéntanos también ¿cómo fue que decidiste a mandar este libro al premio García Márquez y no mejor Dispárenme como a Blancornelas?  

Daniel Salinas.- Los cuentos de Días de whisky malo nacieron entre finales de 2012 y 2014, en un periodo particularmente creativo en que escribí más de veinte relatos. De aquella tormenta creativa salieron (entre otras cosas) Dispárenme como a Blancornelas y Días de whisky…, los cuales uní por ejes temáticos. Dispárenme son historias de reporteros y en Whisky hay de todo (menos reporteros). En ambas hay humor negro. Los cuentos nacieron de diferente manera. “Saurio sangrante” nace de un sueño algo angustiante con un gigantón rockero que ha pasado su vida engordando y de pronto se encuentra con el diagnóstico médico de que le deben amputar la pierna si no quiere que la gangrena avance, una pierna donde se encuentran el tatuaje de un saurio con el corazón partido y otros más que son la perfecta radiografía de la historia de su vida. “Ovejero kazajo” nace de una noticia algo chusca de la prensa deportiva y “Corona de muerto” de una siniestra moda de la mafia tijuanense en 2008, cuando los malandros solían anticipar sus ejecuciones con arreglos fúnebres. Opté por mandar Días de whisky malo a este premio porque es un libro más universal y entendible para cualquier lector, mientras que Dispárenme es muy regional y centrado en la vida y jerga reporteril. Creo que la elección fue acertada.

Por otro lado, Días de whisky malo tuvo la mala fortuna de nacer entre muchos hermanitos. En 2016 se publicaron seis libros, seis. Una locura. No se lo recomiendo a nadie. Yo no lo quise así, pero así se dio. No lo vuelvo a hacer. Whisky fue el quinto de los libros, en una edición de mil ejemplares que circuló en Tijuana y Monterrey. Vientos de Santa Ana y Dispárenme como a Blacornelas se llevaron el protagonismo y del whisky no se enteraron ni mis amigos. No tuvo reseñas y apenas se movió. Hoy solo puedo decir que de mis once libros publicados ninguno ha llegado tan lejos como este mal licor narrativo.

Joel.- Contrario a muchos escritores de tu generación, tú no viviste la experiencia Fonca ni la de otras becas promocionadas por el Estado. Empezaste hace poco a dedicarte de lleno a la escritura. Sobre eso, hay una historia que sueles contar seguido sobre tu familia, específicamente sobre tu esposa y el momento en que decidiste renunciar al trabajo como reportero y dedicarte de lleno al oficio de escritor.

Daniel.- En efecto, no viví la vida de joven escritor. Para mí no hubo Tierra Adentro ni Fonca, aunque siendo muy joven hacia los pininos de todo mozalbete con afanes escriturales. A los 19 años aparecí en una antología llamada Después del eclipse con textos de los integrantes del Taller de la Universidad Regiomontana y en un Calendario poético que publicó la UANL en 1994. Yo desparramaba unas cosas oscuras a las que me atrevía a llamar poemas, un mal remedo de Death Metal. Cuando en mi vida irrumpió esa droga llamada periodismo dejé de publicar textos literarios por casi década y media. Mi único reducto fue el blog. La única beca que he recibido en mi vida me la dio mi esposa Carolina y fue fundamental, pues llegó en un momento clave en que la creatividad fue volcánica. Es un acto de fe y heroísmo que apoye mis afanes. Ahora mismo, mientras respondo esta pregunta, duerme a mi lado aquí en Bogotá y comparte mi nervio e ilusión de lo que viene.

Joel.- Después de esa decisión, y tras un par de años de trabajo constante, vinieron los premios. Me gustaría que fueras, como sueles decirlo, brutalmente honesto: ¿esos reconocimientos te han abierto las puertas de las editoriales que muchos lectores piensan son de prestigio y que podrían darle más promoción a tu obra?

Daniel.- Los premios ayudaron demasiado en lo económico, pues llegaron en cascada. Fueron cinco y una final en un periodo menor a dos años lo que permitió ahorrar dinero y tener liquidez y cimiento financiero. Algunos derivaron en libros muy fructíferos, como Dispárenme como a Blancornelas y Días de whisky malo, y otros derivaron en libros-pretexto como Cartógrafos de Nostromo, donde la burocracia cultural morelense alcanzó niveles de ridículo en cuanto a la publicación del libro y a la entrega del premio. Los premios ayudan mucho en lo económico, pero para las editoriales comerciales no aportan gran cosa. Duele decirlo, pero esas puertas no las abren.

Joel.- ¿Y crees que se deba a que México es un país centralista y que para que se reconozca y se lea tu obra hay que irse a vivir a Ciudad de México para hacer relaciones públicas con quienes dirigen las editoriales que a uno le interesan? Vamos, tú escribes desde la frontera y en varias ocasiones has opinado que no es de tu interés irte de Baja California para vivir en Ciudad de México con el objetivo de despuntar como lo hacen muchos.

Daniel.- Parece increíble que en nuestro mundo de omnipresencia digital eso siga influyendo, pero influye y mucho o al menos yo lo padezco. La buena escritura puede nacer en cualquier parte, pero las relaciones públicas se tejen en La Condesa y en la Roma. No caigo en la paranoia de hablar de mafias, eso es mucho decir y la verdad es que tampoco dan para tanto ni están tan cabrones para llamarlos de esa forma tan grandilocuente, pero es innegable que el “medio literario” es un club excluyente que se dedica a compartir auto elogios, favores e influencias y lo que pasa fuera de su círculo simplemente no existe o hacen como que no lo ven. A mí los premios me han servido para abrirme las puertas a patadas, porque de otra forma no se abren. Una editorial ni siquiera se toma la molestia de responder un correo para por lo menos decir “no gracias”.

Joel.- Estoy leyendo tu libro Días de whisky malo y noto que no eres un escritor de estructuras tradicionales, en el sentido de extensión del relato y del foco narrativo, algo completamente alejado a lo que suele enseñarse en los talleres literarios. ¿Cómo defines este género?

Daniel.- El cuento es nuestra puerta de entrada a la literatura. Creo que ningún niño descubre el embrujo de las palabras por medio de una novela o un ensayo. Llegamos al cuento antes de aprender a leer y a escribir. Para mí es el género primario y natural, el que conserva la esencia de la historia compartida frente a la fogata, el hechizo de unas palabras mágicas: “había una vez”, un círculo casi perfecto, un tiro de precisión.  Soy lector de cuentos (hace un rato consagraba mi insomnio leyendo dos de Gabo donde el sueño juega el papel principal: el avión de la Bella Durmiente y “Me alquilo para soñar”). Lo que yo hago ignoro cómo llamarlo. Se me dan por naturaleza los relatos de 15 mil o 20 mil palabras, nada minimalistas para honrar la tradición del cuento breve, pero sin la multiplicidad y el coro de la novela. No creo que al cuento lo defina necesariamente su extensión, sino su foco, su centro, su cadencia.

Joel.- Los integrante de Cazacocteles tenemos toda nuestra fe puesta en ti, sin embargo, queremos hacerte una pregunta extraída de la Ley de Murphy, si ganas este premio ¿qué proyectos siguen y en qué vas a trabajar ahora?; si los planetas no se alinean y algo sale fuera de lo previsto, ¿qué sigue?

Daniel.- Gracias a Cazacocteles por la fe y el apoyo. Eso se sabrá dentro de 36 horas. Aquí ya están Alejandro y Federico y hoy llegan Soledad y Liliana. Mi respeto y admiración para los cuatro. Cualquiera puede ganar. Quisiera blindarme contra la ilusión y vivir el instante. En estos momentos amanece en Bogotá. Hoy me espera un día muy intenso en la Biblioteca Nacional. Lo único que estoy pensando es que pase lo que pase Días de whisky malo va a estar en cada biblioteca del territorio colombiano y podré compartirlo con un país que le ha dado muchísimo a la literatura. Pase lo que pase, estos días no voy a olvidarlos nunca. Valió la pena arrojar esta botella de mal licor al mar, valió la pena quemar las naves. En mi vida ya no hay vuelta atrás. Esto no es lo que hago, es lo que soy.

Al final de la conversación virtual, Daniel nos compartió esta foto desde la habitación del hotel bogotano donde se hospeda junto a su esposa Carol y su hijo Iker. Y se despide:

Esto contemplo ahora mismo desde la ventana. Aquí el amanecer y el anochecer llegan de golpe y sin preámbulos.

Nosotros te deseamos mucho éxito, Daniel.

Sobre Joel Flores

Joel Flores
Escritor, corredor y fiel creyente de las historias escritas. Conoce Zacatecas como la palma de su mano y Tijuana como las plantas de sus pies. Es bebedor social de caguamas y cerveza artesanal. Escribe mientras corre y viceversa.

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