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Ocho consejos para la mudanza de tu biblioteca

¿Vas a mudarte, pero te da horror ver tu enorme biblioteca? Aquí te damos algunos tips para que sufras un poco menos…  

Llevas años acumulando libros. Torres de libros se alzan por todos los rincones de tu casa y solo tú sabes dónde encontrar cualquier cosa en tu pequeño y desordenado imperio de papel y tinta. Ahora el cambio es inminente, pero no entres en pánico ni pienses en mandar todo alv. Nosotros, que ya llevamos varias mudanzas, podemos darte algunos consejos prácticos. No vamos a mentirte, sufrirás. Pero al menos te daremos la opción de sufrir un poco menos.

1. Distribuye el trabajo

No quieras hacer todo en una sola noche, ¡estás loco! Podrías amanecer con una lumbalgia de aquellas, como la que le dio a Batman-ChristianBale cuando Bane le rompe su espaldita. Sé sensato y reparte el trabajo: un día los ladrillos decimonónicos, otro día la poesía contemporánea, otro día los libros que tienes desparramados por toda la casa, otro día los coleccionables… Ya te sabes el dicho de que Roma no se hizo en un día; desarma tu biblioteca ladrillo por ladrillo, con amor.

Ahora que también puedes repartir el trabajo entre muchas manos. Llama a tus amigos, solo los más leales, los de confianza, los que no se roban libros en las fiestas, arma la mezcaliza, pon una playlist pegadora a todo volumen y ¡a empacar!

2. Clasifica

Típico que después de que te mudas, los libros se quedan en cajas durante seis meses, un año o dos… y ya no sabes ni lo que tienes ni dónde quedó nada. La mudanza es el momento perfecto para reclasificar tu biblioteca, siempre y cuando hagas las cosas con orden. A la hora de empacar pon etiquetas o letreros visibles a todas las cajas, desempaca de una en una y acomódalas como a ti te gusta: por color, por tamaño, por autor, por las lágrimas que te han hecho derramar, por enemistades entre autores, por querencias… Es lindo inventar tu propia clasificación, entre más honesta sea, te será más fácil recordar dónde tienes cada libro.

3. Embala paquetes pequeños

Este es el momento crucial, el más agotador y del que dependerá que los libros mantengan su orden, su forma, que sigan siendo libros y no una sopa de papel. Ya dijimos que es importante etiquetar todos los paquetes.

Ahora va un consejo elemental que recibí alguna vez del señor Rey, mi mudancero de confianza: siempre que se trate de libros, hay que hacer paquetes pequeños. Una opción es conseguir cajas que midan aprox. 30-40 centímetros por lado ¡NO-MÁS! Es cierto que serán un tipipuchal, pero te prometo con la mano en el corazón que vale la pena. Las cajas grandes (de huevo San Juan o de las que venden en Ofisdipot, cuando las llenas de libros pesan más que el ataúd de un muerto con todo y muerto. Son imposibles de mover y ya varios se ha roto la espalda tratando de dar con las obras completas de Tolstoi. Haz caso: paquetes pequeños. Si tu mudancero es muy vfuerte, podrá cargar tres o cuatro paquetes en un solo viaje, pero recuerda que, a la hora de hacer el acomodo, él ya no estará contigo.

Todavía mejor ¡y más ahorrativo! En lugar de usar cajas de cartón usa emplaye (sí, ese rollo de plástico transparente parecido al de los pollos, pero más grande y grueso). Funciona así:

  1. Extiendes un tramo de emplaye sobre una mesa.
  2. Colocas encima una torre de 10-20 libros, algo que parezca razonable.
  3. Envuelves la torre con el plástico como maleta de aeropuerto (4-5 vueltas es suficiente)
  4. El plástico pega consigo mismo, solo asegúrate de que el paquete quede bien apretado
  5. Lo mejor de esta opción es que el plástico es transparente, así que te ahorras la chamba de colocar etiquetas.

Saldrán muchísimos paquetes, pero no importa, al final puedes apilarlos para llevarlos de un lado a otro y no se dañarán. Si son libros antiguos o muy delicados, puedes colocar una lámina de cartón de cada lado.

4. Limpia

Aprovecha para sacar de tu librero cuanta mugre-polvo-chinche-fotodeexnovio-cartaincómoda-telaraña que se haya acumulado entre los libros y sus páginas. Puede ser una labor demoledora tanto física como emocionalmente, pero te sentirás liberado y aliviado cuando termines. Te sugerimos usar una aspiradora y no tener piedad. También es buen momento para deshacerte de todos esos libros bulto que no merecen estar en tu biblioteca y que solo te roban espacio. Puedes donarlos en el metro, a una librería de viejo o a una escuela.

5. No te claves

Ni tanto que queme al santo. Ya sabemos que es cuestión de abrir el libro y ver aquella carta, para que te pases la noche entera repasando nostalgias y llorando por ayeres más primaverales. Pura pérdida de tiempo, ¡tienes que empacar! A lo que vamos, rápido. Tampoco quieras leer todos esos libros que te han estado esperando durante lustros, porque no acabarás nunca. A la mejor puedes hacer un apartado de “nuevas prioridades” y rescatar a algunos olvidados para cuando estés instalado en tu nueva casa.

6. Los tesoros

Ah, los adornitos. A veces son tantos, que merecen su propio apartado. Para eso sí puedes destinar una caja grande o un baúl y juntarlos todos donde mismo, bien sacudidos y envueltos en periódico o papel burbuja. Aprovecha para deshacerte de un par de objetos inútiles con su respectivo mal recuerdo, ya vendrán adornos mejores. Los adornitos casi siempre es lo que se queda al final a la hora de desempacar, a veces se permanecen guardados durante mucho mucho tiempo. Lo bonito de esto es hacerles un envoltorio de mucho periódico y cinta canela a cada uno; de este modo, cuando los desempaques sentirás que son enigmáticos regalos de tu yo del pasado a tu yo del futuro #truestory.

7. Libreros

Todo un tema. ¿Vas a instalar nuevos libreros? ¿Vas a llevarte los mismos? ¿Necesitas comprar más? Si eres de los que se mudan de manera frecuente, procura comprar libreros que se puedan desarmar. Una opción práctica son los anaqueles de farmacia, económicos y feos, pero se pueden pintar. Si vas a llevarte los mismos libreros viejos, observa que no tengan humedad, polilla o plagas. Si vas a empotrar libreros en las paredes de la nueva casa, más vale que lo hagas antes de la mudanza, porque después será más complicado trabajar entre cajas y desorden, y más si eres procrastinador o de los que dice “ahí luego”.

8. Plagas

Si descubriste que habías estado guardando un sub-universo de vida alienígena, hexápoda, fúngica, hemíptera o arácnida en tu librero, es el momento perfecto para acabar con el problema, en lugar de mudar también a los bichos a tu nueva morada. Lo mejor será llamar a un fumigador y qué él te diga qué se puede hacer. En el caso de la polilla, deshazte de ese mueble antes de que se coman hasta la cuchara de palo. Si son tus libros los que padecen la invasión, el asunto es todavía más grave: hay cepas de hongos muy peligrosas, que se transmiten al hojear un libro enmohecido y aspirar las esporas. Dependiendo de lo grave que sea el problema, una buena asoleada puede ser la solución… aunque tal vez no, y tengas que prescindir de ese pequeño tesoro del conocimiento.

Sobre Ave Barrera

Ave Barrera
Escritora y traficante de mezcal. Nació en Guadalajara, pero hace ya varios años obtuvo la nacionalidad chilanga. Su primera novela se titula Puertas demasiado pequeñas (Alianza 2016) y la segunda anda buscando suerte. Sus cuentos están publicados en antologías y sitios web.

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