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“¿Qué hace usted en un libro como éste?” de Rogelio Villarreal

Me gusta la palabra ultrajante. Muy pocas veces es posible utilizarla en la vida diaria: suena a encabezado de periódico amarillista, utilizado para una cosa terrible. Contiene la raíz “ultra”, más allá o después de, compartida con palabras como “ultramar”, más allá del mar. Según el diccionario jurídico, es una acción injuriosa que hiere la dignidad de otra persona. Más allá de lo normal, me imagino.

El libro “¿Qué hace usted en un libro como éste?” de Rogelio Villarreal (Producciones El Salario del Miedo- Almadía, 2015) tiene, precisamente, este subtítulo: “Crónicas ultrajantes”. ¿A quién ofende Rogelio Villarreal? ¿Cuál es la injuria desmedida a la que nos llevan sus relatos?.

Villarreal escribió la mayoría de las crónicas que contienen este libro a mediados de los noventa y a principios del nuevo siglo, y fueron publicadas en diferentes medios. Rogelio es una de esas personas que definieron la cultura del México moderno a partir de un movimiento contracultural, que no es (como suele pensarse) la “anticultura”, sino en el balance de las manifestaciones culturales olvidadas que en ciertos momentos de la historia no entran en lo que suele llamarse mainstream. Hoy, en palabras de Rogelio, es ocioso hablar de contracultura cuando internet da la posibilidad de tener tantas expresiones y propuestas por todos lados.

¿Realmente importa lo que ha hecho Rogelio de su vida para leer este libro? No necesariamente, pero se disfruta más si uno lo sabe. Como indica la contraportada de este libro “Aún cuando se trata de uno de sus libros más decididamente personales -y con esto quiero decir: más arriesgados con respecto a qué contar- es evidente que ésta no quiso ser nunca una celebración ególatra”. “¿Qué hace usted…?” es una bitácora de viaje. En sus páginas acompañamos al autor por el freeway que une a San Diego con Los Angeles y compartimos las fiestas celebradas en aquella ciudad con sus amigos (que, hay que decir, uno quisiera tener esos amigos). Villarreal nos lleva a Buenos Aires, a Monterrey y de ahí a platicar con un par de irlandesas a Dublín (una de las cuales se declara zapatista). Pero además el ojo de Rogelio y su habilidad para la crónica, nos lleva por los conflictos de la colonia británica y uno puede sentir que camina por las banquetas del lugar, tomando pintas de cerveza Guiness.

Pero también se trata de una bitácora de relatos íntimos. Torreón, lugar donde fallece el padre de Rogelio, es una lectura casi angustiosa. Las palabras “decididamente personal”, viene a la mente cuando uno lee los recuerdos de la relación entre los Villarreales. Decididamente dolorosa, agregaría.

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Rogelio Villarreal y Manuel Noctis, en la Feria del Libro de Tijuana, 2017. (Foto: Guillermo Guerrero)

 

En el capítulo “Entre Kapuściński y la verdad desnuda”, el autor cuenta una anécdota en la que interviene García Márquez y el periodista bielorruso. En ella, el autor de “Cien años de soledad” cuestiona a Ryszard y él mismo contesta su pregunta:

– ¿Tiene derecho un periodista a “pintar” una lágrima en los ojos de una viejecita triste que aparece en un reportaje, aunque en la realidad no llegara a verter esa lágrima? “Pintarla” para reforzar el efecto dramático. […] El periodista tiene derecho a pintar esa lágrima para reflejar mejor la atmósfera del momento, el estado anímico del personaje descrito. ¿Dónde está la traición? Tú también mientes a veces, ¿verdad Ryszard?

Es en este capítulo donde Villarreal arremete contra la crónica que algunos escritores han convertido en un mamotreto, sin orden y poca precisión. Periodistas que no se preocupan por verificar datos, dada la naturaleza y autoridad moral del oficio; y también, si se me permite decirlo, nuevos cronistas de las redes sociales y blogs que publican textos con una pobre observación o cruce de datos. A través de “¿Qué hace usted en un libro como éste?” Rogelio reivindica la crónica, últimamente tan menospreciada como género periodístico, citando fuentes, con investigación sólida y aguzando su ojo crítico. Y es ahí, cuando nos comparte esa mirada objetiva y nos lleva de viaje a su pasado, que nos llegamos a sentir incómodos al reconocernos fuera de nosotros mismos.

Entonces te das cuenta que el adjetivo ultrajante le viene como anillo al dedo. Maldita sea.

Sobre Guillermo Guerrero

Guillermo Guerrero
Blogger primigenio, locutor de radio y periodista. Conoce los secretos y rincones más oscuros de la Ciudad de México. Bebedor legendario de cubas con Ron Matusalem.

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