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Tres formas de comenzar a escribir cuentos

 

Ya sabemos que a Joel le gusta dar consejos y pues en esta nueva entrega nos habla de lo fácil que puede ser escribir relatos desde la honestidad y la memoria. Pásenle…

 

Durante la presentación del Cuaderno azul en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) uno de los asistentes nos preguntó a bocajarro a los participantes qué método podríamos recomendar a los demás sobre cómo escribir un relato. En la mesa había cuentistas en potencia e iniciadas y casi todas pudieron contestarle pero, por falta de tiempo, yo me quedé con las palabras en los labios y al terminar la mesa salí corriendo al stand de Era porque me pedían que fuera a firmar la novela.

Por eso, como aquí hay tiempo de sobra, esta entrada contesta esa pregunta y suelta tres formas fáciles para comenzar a escribir cuentos.

Mucho se dice y se ha escrito sobre cómo empezar a escribir historias, incluso yo, en algunos de los artículos publicados en la Jornada BC hace meses, esbocé una especie de explicación entre lo que la crítica recomienda y cuáles son los inicios más contundentes de la literatura universal. Sin embargo, si nos vamos a cosas más terrenales, más simples, pocos talleres literarios o escuelas de escritura creativa se centran en el cómo hacer para que un estudiante que apenas se está relacionando con la escritura pueda empezar a construir una historia con la mayor seguridad posible desde la primera palabra.

Si quieren un libro especializado sobre eso, lean El arte de la ficción, de David Lodge.

Recapitulando, en el Seminario en Creación Literaria que coordino en Cetys Universidad (ya vamos para tres años en servicio y tres antologías que compilan el trabajo de mis alumnos publicadas) tenemos un método infalible y, si me dejan pecar de presumido, muy útil para aquellos que van llegando temerosos al oficio de crear historias. Contrario a lo que muchos aconsejan en cuanto a la corrección y elección casi quisquillosa que hay que utilizar al momento de arrancar un relato, donde en su primer párrafo se muestre un conflicto, un secreto, una promesa y hasta una especie de enganche para que el lector siga leyendo, nosotros recomendamos que el escritor escriba tres cosas simples, muy simples que parten, sin más, de su vida misma.

La primera es la historia más feliz de tu vida.

Así, tal cual, que lo haga con la mayor libertad posible. Que hable de sí, de sus recuerdos, de aquel momento lejano o cercano como si se lo estuviera contando a sí mismo. No importa el estilo. Importa la honestidad y la coherencia lógica de los hechos. Importa la verosimilitud, la emoción, el lugar, los personajes aunque apenas se asomen a la historia con su puro nombre. Importa hacer trabajar la memoria y comunicarle a uno mismo que ese recuerdo vale la pena ser contado.

La segunda es un poco más pesadita, pero vale la pena.

Escribe el momento más bochornoso o vergonzoso de tu vida.

Alguien alguna vez dijo que los seres humanos solemos recordar más los momentos vergonzosos y los tristes, quizá porque una de las religiones que más profesamos en México es el catolicismo y esa religión fomenta con mucha devoción la culpa en el individuo. Ah, pues tú como escritor saca esos momentos que llevas dentro y dale vuelo a la pluma para que te sueltes a escribir esa historia que merece ser exorcizada en la página en blanco. Que no te preocupe el que dirán, que no te apure el me van a juzgar de nuevo cuando ya había superado ese episodio, que no te preocupe si vuelves a sentir vergüenza mientras la escribes. Que no te apure que digan que escribes por desahogo. Lo único que te debe de preocupar es contar esa historia tal cual como pasó, de la manera más honesta posible. De principio a fin y, sobre todo, que contenga las emociones que sentiste cuando te sucedió.

La tercera es más complicadita y hasta dolorosa.

Escribe contra viento y marea, dominando sobre todo ese demonios internos, el momento más triste, más trágico de tu corta o larga vida.

Sí, escribe ese episodio que te saca las lágrimas, que te llevó a terapia, que te hizo besar las banquetas por el dolor durante mucho tiempo, pero (aquí está el grado de dificultad) en retrospectiva, es decir, con la distancia dada por la lejanía, la madurez, el haber puesto en tela de juicio de manera objetiva los sucesos. No importa que al escribir se te suelte el moco, se te salgan las lágrimas, te tiemblen los labios y hasta el puño. La literatura, la que trastoca las fibras sensibles de a neta, trabaja con las emociones, pues los seres humanos sentimos, somos emocionales hasta el más no poder y, los personajes más empáticos, más memorables son aquellos que fueron capaces de desnudar sus emociones.

¿A poco los mejores libros que has leído no te han hecho llorar o reír o recordar aquellos momentos bonitos de tu vida? Ah, pues de esto van estos ejercicios. Por eso trata de que todos desarrollen de principio a fin el cómo sucedieron las cosas, los implicados, el lugar, tus deseos, la esperanza, la buena noticia, la más vergonzosa, la mala y lo que sentiste al recibirla.

La escritura es un acto de libertad, un ejercicio de autoconocimiento, autocontrol y de trabajo con el lenguaje. Si comienzas conociendo tus emociones, más fácil será que sepas descifrar las emociones de los otros, es decir, tus personajes.

Luego, cuando sientas que has terminado, sigue lo siguiente.

Si te da pena o dolor leer en texto en primera persona, cambíalo a tercera como si fueras un narrador que tiene el conocimiento del todo. Por ejemplo.

Primera  persona:

La peor etapa de mi vida fue cuando mi primo Pedrito, mi mejor amigo, nos dijo que no le gustaba ser nuestro familiar.

Tercera persona:

La peor etapa de la vida de Ana María fue aquella tarde dolorosa en que su primo Pedrito, su mejor amigo, le dijo que no le gustaba ser su familiar y era mejor cortar por lo sano.

Puedes darte cuenta que con este cambio de voz narrativa, tomas distancia de los hechos y puedes contarlos como si fueras una persona ajena al que le pasaron, pero con el conocimiento de la trama de principio a fin.

Lo que sigue después, una vez elegida la voz narrativa, es leer el texto una y otra vez en silencio, pero ahora bajo el entendido de que el personaje principal de ese texto no eres tú, sino alguien más, alguien que nació de ti pero gracias al poder de la ficción, a la magia de las palabras, a la mentira, pues ese personaje ya es otro, uno que tú puedes manipular, nutrir, potenciar y hacer casi casi tridimensional y creíble conforme lo trabajas.

Después sigue leer el texto en voz alta y, mientras lo haces, corrige y trata de que la redacción sea impecable.

Si quieres que tu texto tenga una entrada contundente, persuasiva, nockeadora y el lector se interese en darle lectura de principio a fin, agarra una serie de novelas o cuentos que más te gustan y revisa cómo inicia, checa si manejan en el primer párrafo el conflicto, si sugieren un secreto que no cuentan del todo, es decir, lo suspenden para que el lector se intrigue, checa si hay en ese párrafo una promesa de que posiblemente ese secreto o dato escondido, se promete que será contado. Revisa uno y otro cuento, una y otra novela, e identifica lo que te gusta y trata de entender cómo trabajan las manos de los maestros al acomodar estratégicamente, con malicia, los elementos en el primer párrafo y el segundo y el tercero.

Eso que aprendiste leyendo aplícalo al inicio de tu cuento.

Ojo, cada una de las historias simples que te recomiendo escribir se llaman semillas narrativas. Cada una de esas semillas te puede ayudar a escribir un solo relato. Aunque hay aquellos narradores que utilizan dos, como la más feliz y la más triste, para hacer uno solo contraponiéndolas.

Espero que estos pequeños consejos te hayan servido.

Pues me sirvieron a mí durante los tres meses o cuatro que impartí clases de escritura a policías municipales hace cinco años, y me sirven ahora cada que llega una estudiante al seminario con la intención de escribir historias, pero no sabe cómo hacerlo.

Por último, un libro como apoyo bibliográfico. Escribir ficción es un manual que me ha ayudado, como muchos de los otros libros que he recomendado aquí, acá, y más acá, sobre la enseñanza de la escritura creativa. Trata de leerlo. Si los ahorros no te dan para comprarlo, recuerda aquel artículo que alguna vez recomendé acá sobre cómo construir tu biblioteca digital personal.

Sobre Joel Flores

Joel Flores
Escritor, corredor y fiel creyente de las historias escritas. Conoce Zacatecas como la palma de su mano y Tijuana como las plantas de sus pies. Es bebedor social de caguamas y cerveza artesanal. Escribe mientras corre y viceversa.

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